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Bulgaria

Melancolía romántica al sur del Danubio

En el centro de los Balcanes, Bulgaria es un pequeño país con una gran historia que ha dejado huellas culturales y tesoros soberbios del pasado. Los pueblos seducen con sus casas decoradas y la luz del sol juguetea entre montañas y llanuras verdes, la morriña de los coros se desliza sobre los ojos de la gente que trata de olvidar el doloroso pasado tras la cortina de hierro. Bulgaria renace, se despierta poco a poco del sueño comunista, explorarla es amarla, descubriendo el silencio que se desliza sobre los frescos de los monasterios o las tumbas tracias.

Los tracios ocuparon la región en 1300 a.C., valientes guerreros que crearon una civilización al margen de la Grecia antigua con sus propios tesoros, hasta ser unida a Grecia en 346 a.C. por Felipe II de Macedonia y su hijo Alejandro Magno. Debilitada por luchas internas, es cuando surge el famoso Espartaco que fue capturado y transformado en gladiador romano y Tracia recibe finalmente la paz romana en 46 d.C. Las invasiones bárbaras desestabilizan Tracia, que se sujeta al imperio romano y depende de Constantinopla. Al final del siglo V se instala una nueva tribu, los búlgaros, a la puerta de ese imperio romano, y en el siglo VII se crea el primer imperio búlgaro. Apogeo y disturbios lo llevan a ser una provincia del imperio bizantino, pero en el siglo XII, Iván Assen, Kaloyan constituye el segundo imperio búlgaro hasta caer bajo el dominio otomano que dura cinco siglos. A partir de 1850, se instala “el Despertar Nacional” con vientos de independencia que fue obtenida gracias a la guerra ruso-turca en 1878. El país se unifica con dificultades, sumergido en las guerras de los Balcanes, cae bajo el comunismo de la postguerra hasta tener acceso a la democracia después de la caída del muro de Berlín en 1989. El duro despertar encaminó a Bulgaria a ser parte de Europa el 1 de enero del 2007.

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Boyana
Sofía me recibe con sus avenidas arboladas y sus iglesias monumentales y empiezo mi aventura búlgara con Boyana, una encantadora iglesia en medio de árboles centenarios que data del siglo X, tapizada de pinturas murales soberbias donde las caras surgen del pasado y parecen a punto de conversar. Las escenas de la vida de los santos y la representación del donador Kaloyan y su esposa sorprende por su realismo y belleza.

Rila
La autopista me lleva a una carretera que se infiltra en medio de las altas montañas del parque nacional del Rila, en medio de un bosque tupido, siguiendo un estrecho cañón, hasta llegar al solemne monasterio de Rila. Iván Rilski fue un ermitaño que se aisló en esas montañas, dejando las opulencias de la vida en el siglo X. Unos monjes instalaron el primer monasterio en 931 y a su muerte, en 946, fue canonizado, volviéndose san Iván de Rila o san Juan de Rila, uno de los santos más importantes de la iglesia ortodoxa. El monasterio, donde descansan sus restos, fue decorado por los mejores artistas y es una de las joyas de la arquitectura ortodoxa con sus hermosas cúpulas y los tesoros iconográficos de sus frescos. Al pasar su puerta, entro en un mundo medieval con su patio rodeado de edificios decorados de bandas rojas, blancas y negras, con galerías y arcadas, donde destacan la iglesia principal y la torre medieval. Su galería exterior está ricamente decorada por pinturas murales que representan el juicio final, la vida, la muerte. Su interior explota de belleza con sus frescos, sus íconos, sus candelabros, la luz penetra para acariciar esos tesoros. Rila es una joya arquitectónica y artística a la orilla de un torrente, en medio de un bosque donde podrían surgir duendes y fantasmas. Encuentro un pequeño hotel a la orilla del río, ceno un ceverme (cordero rostizado) frente a la chimenea, hundido en el silencio del bosque. Mi alma está llena de imágenes de santos, infiernos y miradas que me infiltran desde el pasado, cargadas de lo que han visto, del sufrimiento del hombre.

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Melnik
Hacia el sur, pasando en medio de los montes Balcanes, Sandanski surge con sus calles peatonales, sus aguas termales y su hijo famoso, Espartaco, en el corazón de la Macedonia búlgara. Entro en el encantador pueblo de Melnik, al pie de los extraños montes Pirin que parecen pirámides de arena, “chimeneas de hadas” labradas por la erosión. Su arquitectura de los siglos XVII y XVIII, con sus casas de piedra y sus balcones florecidos, sus iglesias, su callejón que baja de la montaña al lado del río, pinta el pueblo de encanto pintoresco y melancólico. Desde la iglesia de San Nicolás me aparece una soberbia vista del entorno surgido de un cuento y alcanzo el monasterio de Rozen donde entro en un patio colorido por sus flores, adornado de uvas trepadoras, su iglesia de juguete con pinturas murales y su largo refectorio que da sobre un largo balcón de madera. Inspira paz, meditación, es un refugio mágico con vista hacia esas pirámides de arena. En el restaurante Petra de Melnik, una taberna típica de piedra y madera, pruebo el platillo nacional, el famoso kavarma, una especie de mezcla de carnes, champiñones, papas, no muy apetitoso pero comible, pero eso sí, el vino de la región es delicioso.

Plovdiv
La carretera me lleva por los altos montes, el soberbio cañón de la Trigradska, paso un inmenso lago, el pueblo de Backovo con su importante monasterio, hasta llegar a Plovdiv, una de las ciudades más antiguas de Europa, contemporánea de Troya y Micenas, que encierra vestigios tracios, romanos y medievales, atravesada por el río Maritza. Plovdiv es un verdadero museo que nos transporta en el tiempo. Descubro los encantadores callejones de las colinas de la parte antigua que me permiten admirar esas hermosas casas de tiempo del Despertar Nacional, con sus fachadas decoradas de vivos colores y cenefas, sus ventanas adornadas de flores, algunas con columnas y balcones de madera. Es una magia donde se infiltran las iglesias y me lleva al anfiteatro romano, y bajando, alcanzo las ruinas del estadio, la mezquita Dzumaja, los edificios de la Belle Époque. Plovdiv seduce por la paz de su melancolía barroca y sus vestigios del pasado.

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El caballero de Madara y las tumbas tracias
El paisaje y los pueblos infiltran un cierto romanticismo en mi alma, los campos verdes suben hacia los montes, las iglesias animan los pueblos, y llego al pie del acantilado para admirar el caballero de Madara esculpido en la roca, de tamaño natural, que representa el primer dirigente de Bulgaria, el Khan Tervel, con inscripciones en griego. Más adelante, descubro las tumbas tracias que datan del cuarto al tercer siglo a.C., cerca del pueblo de Sveshtari, en forma de montículo de tierra. Al pasar la puerta que lleva a la cámara funeraria, no puedo creer la belleza de ese cuarto con sus muros en bajo relieves esculpidos con detalles que representan personajes míticos y la ascensión del rey a la divinidad. Es un lugar mágico que nos transporta en el tiempo con toda la belleza del arte de antes, digno de los artistas griegos de la época.

Ruse
Dormida a la orilla del Danubio, es la ciudad elegante donde el barroco y el estilo rococó compiten en belleza haciendo de Ruse la ciudad más hermosa de Bulgaria. Su fortaleza de Cherven data del siglo XIV, sus edificios recuerdan Viena, sus avenidas sombreadas invitan a pasear y disfrutar de la orilla del famoso río.

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Iglesias de Ivanovo
A pocos kilómetros de Ruse, alcanzo las iglesias de las rocas de Ivanovo, cavadas en un acantilado que bordea un río. El monasterio de Basarbovo se asoma como un balcón adornado de pinturas rupestres y subo las escalinatas para penetrar ese mundo mágico de pinturas iconográficas, en la iglesia o salas del monasterio dedicado a San Demetrio. Me sorprende, me saca lágrimas de admiración, me envuelve en un tormento de paz frente a esas caras surgidas de otros tiempos. Pasando el pueblo de Ivanovo, llego a la iglesia de Nuestra Señora donde los frescos, considerados como los más bellos del arte búlgaro medieval, me seducen por sus colores y miradas dulces. Esas iglesias o grutas son obras maestras que han atravesado los siglos para emocionarnos, con retratos de gente y la imaginación de artistas de antaño.

Veliko Tarnovo
Siguiendo el hermoso valle boscoso, visito el monasterio de la Transfiguración, encantador, fascinante por sus pinturas murales interiores y exteriores, escondido en un bosque habitado por duendes. Surge entonces Veliko Tarnovo, una ciudad blanca construida sobre tres colinas delimitadas por los meandros del río Jantra, antigua capital del segundo reino búlgaro (siglos XII al XIV). En sus callejones escarpados descubro las fascinantes casas decoradas, sus iglesias, los muros de la antigua fortaleza de Tsarevets con su palacio real, la catedral, la iglesia de los santos 40 martirios donde fue enterrado el zar Kaloyan hace más de 800 años. Veliko Tarnovo es una auténtica joya en un paisaje sorprendente.

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Koprivshtitsa
Camino hacia Sofía, en un valle de ensueño, entro en el pueblo de Koprivshtitsa, verdadero museo de arquitectura por sus elegantes casas pintadas que datan del Despertar Nacional, sus callejones que corren a lo largo del río Topolnica, su ambiente de paz y romanticismo. Deambulo por esas calles empedradas, sin rumbo, entrando en algunas casas como Oslekov, Lyutov, Todor Kableshlov, nombres que suenan como la fantasía de sus decorados y sus formas surgidos de un sueño artístico. Tesoro nacional, el pueblo me fascina y me dejo llevar por su poesía.

Sofía
La carretera me lleva de regreso a Sofía, la capital, donde me paseo por sus avenidas sombreadas adornadas de elegantes edificios, para visitar sus impresionantes monumentos: la rotonda de san Jorge de estilo bizantino que data del siglo IV con murales, la iglesia de san Alexander Nevsky consagrada en 1924 y catedral ortodoxa que encierra maravillosos iconos antiguos, la iglesia de Santa Sofía, construida en el siglo VI durante el reino del emperador Justiniano, la catedral san Nedelya reconstruida en el siglo XIX con sus domos y su torre con 11 campanas, el teatro Iván Vazov de estilo barroco, el antiguo palacio real, los museos. Sofía es fascinante, me paseo en su imagen como penetrando un espejo del tiempo, su canal me atrae, su romanticismo me seduce, sus avenidas me enamoran. Adoro Sofía, su alma se infiltra en mí para soplarme la brisa que un día me traerá de regreso.

Mi aventura búlgara termina con un sabor a frustración, me falta conocer más, descubrir más pueblos, el norte, el este, el mar negro y sobre todo, infiltrarme en el alma de su gente, rascar esa melancolía que fascina. Bulgaria es un largo poema que se canta con las voces de sus coros, que se escucha con la belleza de esa gente que ha surgido de una historia caótica. Es un fascinante encanto.

GUÍA BULGARIA
CÓMO IR
Existen vuelos desde las principales capitales europeas como París, Londres, Madrid, Frankfurt. También se puede ir en coche o en tren desde Alemania o Grecia.

CUÁNDO IR
La mejor época es de abril a noviembre para poder circular sin tener problemas con la nieve. La primavera es encantadora, el verano es precioso y el otoño puede ser lluvioso. El invierno tiene su encanto con la nieve.

DÓNDE DORMIR
PLOVDIV
Hotel Hebros
D. Constantine Stoilov Str. Plovdiv (OldTown)
T. +359 32 260 180
hebros-hotel.com

VELIKO TARNOVO

Hotel Yantra
D. Velchova Zavera Sq. 2 Opalchenska Street. 5000 VelikoTarnovo
T. + 359 (0) 62 600 607
yantrabg.com

SOFÍA
Kempinski Hotel Zografski Sofía
D. 100 James Bourchier Boulevard
T. +359 2 969 2222
fivestaralliance.com

DÓNDE COMER
Mehana Gurko en Veliko Tarnovo
D. Gurko 33, Veliko Tarnovo
T. +359 62 627 838
hotel-gurko.com

Cosmopolitan en Ruse
D. ul. «Dobri Nemirov» 1, 7000 Ruse
T. +359 82 805 050
cosmopolitanhotelbg.com

Philippopolis en Plovdiv
D. 29, Saborna Str., Plovdiv, 4000
T. +359 32 624 851
philippopolis.com

Le Bouquet
D. 21 Vitosha Blvd.
T. +359 28 100 800
lesfleurshotel.com

QUÉ COMPRAR
Telas de telares, tapetes o kilims, cerámicas, tallas de madera, encajes, música.

QUÉ PROBAR
Pitka (pan ritual), ensaladas como la shopska, kjopoolu (caviar de berenjenas), tarator (yogurt líquido), carnes frías, ceverme (cordero asado), las brochetas o saslik, kavarma (carnes cocinadas con champiñones, pimientos, cebollas), musaka, etc.