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El LED nuestro de cada día

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Cuando alguien en medio de una conversación coloquial me pregunta “¿qué haces?/¿en qué trabajas?”, mi respuesta, según el humor en que me encuentre, varía. Contesto simplemente “arquitecta”, si es para alguien que no conoce el medio. “Arquitecta especializada en iluminación”, si quiero escuchar el comentario que le sigue: “¡Ah! ¡Entonces eres experta en leds!”

¿Mi respuesta? “No necesariamente”.

Es el tercer artículo que escribo para esta revista y deliberadamente había evitado el tema, no porque tenga algo en contra de la tecnología, no porque no sea relevante, sino porque desde hace unos años los leds se han convertido en sinónimo de iluminación, y hemos perdido de vista que los leds son una tecnología que —entre otras cosas— se utiliza para iluminar.

¿Qué es exactamente un led?… Un led, del acrónimo en inglés: “light-emitting diode” se traduce al español como “diodo emisor de luz”. Un diodo es un componente electrónico sin filamentos o gases que produce luz por medio de…¿por medio de qué exactamente produce luz?
Contemporáneos de los Beatles, los primeros leds fueron rojos y amarillos y se utilizaban mayormente como señalización en, por ejemplo, videograbadoras, estéreos, calculadoras, cámaras de vigilancia y hasta —para los que se acuerden— los famosos walkmans ochenteros (si estás sonriendo, sabes de lo que hablo; si no, pregúntale a alguien nacido en los setenta o en los ochenta).

El desarrollo de los leds para iluminación arquitectónica ha ocurrido mayormente en los últimos quince años, con el avance tecnológico del led blanco y el desarrollo de las tipologías retrofit y alternas a las tradicionales, como el foco incandescente, el tubo fluorescente y el MR16 o foco dicroico. Los leds RGB (del acrónimo en inglés “Red, Green, Blue”) llevan más tiempo en el mercado pintando el entorno urbano de color y dinamismo por medio de cambios de color en fachadas arquitectónicas.

Una de las grandes ventajas de esta tecnología la ves cuando agrupas los nodos, diodos o “puntos” que empiezan a actuar como pixeles, lo que crea superficies de comunicación, como los televisores, los espectaculares o billboards que vemos por toda la ciudad y el mundo. Su impacto ha llegado hasta crear fachadas digitales, como la fachada del edificio de Condé Nast, sede de NASDAQ, que tiene 36.6 metros de altura en Manhattan y que es una de las instalaciones más icónicas.

Pero, si regresáramos al inicio de las primeras aplicaciones de la luz eléctrica, encendido indicaría: “abierto, bienvenido, adelante”; por el contrario, apagado indicaría: “cerrado”. Este, sin duda, fue uno de los primeros mensajes transmitidos mediante el uso de la luz artificial, sin darle mayor importancia a la tecnología empleada.

LOS LEDS PARA SEÑALIZACIÓN, ILUMINACIÓN Y COMUNICACIÓN
Podemos definir una señal como un signo o un gesto que informa o avisa algo, reemplazando a la comunicación escrita o verbal. La iluminación es la acción de iluminar, alumbrar, dar luz o bañar de resplandor. La comunicación es la transmisión de señales mediante un código común del emisor al receptor. Paul Watzlawick1 explica que es imposible no comunicarse; y, curiosamente, un ente de señalización, utilizado en principio para iluminar, está transfigurando la manera en que nos comunicamos.

Sin embargo, estamos ante el fenómeno de la saturación del entorno urbano de luz y de comunicación como resultado indirecto de las aplicaciones novedosas que presenta la tecnología. Como arquitecta y especialista en iluminación me veo involucrada en proyectos LEED2 (Leadership in Energy & Environmental Design), donde la contaminación lumínica es un problema y una preocupación de arquitectos, diseñadores y usuarios. Hablamos específicamente de contaminación lumínica como resultado de aplicaciones arquitectónicas, porque para diferentes usuarios la contaminación lumínica y la iluminación exterior pueden significar diferentes cosas.

La contaminación lumínica puede variar de significado de una persona a otra. Para un propietario combatir esta contaminación podría significar una reducción del deslumbramiento para una mejor visibilidad o confort en su propio hogar. Para el dueño de una propiedad comercial podría significar la reducción de sus costos de energía por medio del ahorro energético. Un ambientalista podría tener el objetivo de reducir la contaminación lumínica y proteger a los ecosistemas delicados. Mientras que a un fabricante de iluminación puede significar la producción del mejor y más eficiente luminario en el mercado.

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Estando en primavera, cuando el clima es idóneo para salir a dar un paseo para relajarse luego de un largo día, zonas altamente peatonales como la Condesa, la Roma, Polanco y Coyoacán son perfectas para dar una vuelta, escoger un lugar para cenar y organizar tus ideas en el trayecto. En mi caso, hace unas semanas caminaba de regreso del trabajo y me encontré frente a un restaurante que tenía una fachada muy iluminada. Me detuve unos instantes, considerando sentarme en una de las mesitas de la acera, cuando me sentí deslumbrada por una pantalla enorme localizada en frente de un estacionamiento, justo al lado de las mesas por las que todos esperaban. La pantalla de leds, de unos diez metros de largo por unos tres metros de alto, reproducía tres o cuatro anuncios de coches, películas y comida. Mientras más observaba a la pantalla y a la gente alrededor, más agredida me sentía por la intensidad de luz del contenido.

Entiendo perfectamente que —quizás— soy un poco más sensible a esas situaciones, el resto de los transeúntes no se inmutaban por el espectacular junto al restaurante; pero ¿qué tal el que vive al lado de ese restaurante y tiene la luz constantemente entrando por su ventana? Si yo me sentí agredida al estar parada unos instantes en la acera, ¿qué tal al vecino al que se le inunda su sala de luz azul, roja y verde, que se entromete de manera cíclica y perturbadora?

Como resultado de tanta innovación y nuevas aplicaciones hemos visto el resurgimiento de espectaculares enormes, pero ahora de leds, que reemplazan a los tradicionales. Entiendo su posición ventajosa desde el punto de vista de marketing: sobre una misma superficie se tiene la capacidad de transmitir y comunicar diversas campañas, ya sea de un objeto, una película, un coche o la última innovación tecnológica. Además, la comunicación es animada, dinámica, colorida y atractiva: justo lo que la atención del usuario saturado de tecnología necesita —o exige—. Pero hay dos puntos que creo que aún no han sido regulados: el contenido, que, por ser dinámico, tiene una gran posibilidad de distraer al conductor; y la intensidad de la luz emitida por los leds, que charolean o deslumbran y pueden ser peligrosos para el automovilista, el ciclista y el peatón, como podrían atestiguar el vecino del Parque México o el taxista que regularmente baja por la Avenida Constituyentes. La contaminación lumínica puede afectarnos de manera más personal.

Este artículo no es una crítica a los leds y a la tecnología. Al contario. La tecnología ha ido evolucionando a pasos agigantados y, muchas veces me encuentro corriendo tras ella para tratar de alcanzarla. Cada día aparecen jugadores nuevos en el mercado con un producto mejor y más económico. Y cuando apenas siento que conozco el mercado hay otra feria de iluminación y me cambian las reglas con mejor calidad, mejor desempeño y mayor variedad.

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Me parece sorprendente que de la tímida aparición de un ente de señalización on-off, la tecnología led, haya llegado al nivel de ser la única considerada para una casa, de reemplazar al foco original que nos dio luz artificial durante décadas, y de ser la tecnología que transmuta el entorno urbano desde el alumbrado, la señalización y la comunicación publica.

Todos tenemos la oportunidad de ser partícipes del contexto urbano, de entenderlo y mejorarlo a través de la luz, llevando esa experiencia a los diferentes niveles de la comunidad. El urbanismo, la arquitectura y la iluminación son disciplinas interactivas que fomentan un diálogo constante y bidireccional entre el espacio y el usuario. Desde mi óptica, el diálogo no es bidireccional cuando mi sala se pinta indeseadamente de rojo, o evado chocar milagrosamente al taxi de adelante luego de cegarme por una pantalla que no conversa sino que impone su opinión.

Y, finalmente, aunque soy una experta en iluminación, habrá algún ingeniero que me resuelva la duda planteada y que me pueda explicar de manera concreta: ¿de dónde o cómo sale la luz del famoso diodo?

1. Paul Watzlawick (25 de julio de 1921, Villach – 31 de marzo de 2007, Palo Alto, California) fue un teórico y psicólogo austriaco nacionalizado estadounidense. Fue uno de los principales autores de la Teoría de la comunicación humana y del Constructivismo radical.

2..LEED (Leadership in Energy & Environmental Design) es un conjunto de sistemas de clasificación que certifica la excelencia en diseño, construcción, operación y mantenimiento de los edificios sustentables. Para mas información refiéranse a www.usgbc.org