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LA FUNDACIÓN JUMEX

ENTREVISTA CON PATRICK CHARPENEL

La Fundación Jumex Arte Contemporáneo fue creada con el fin de promover la producción, la reflexión y el conocimiento del arte contemporáneo, así como para generar nuevas propuestas de apoyo a la cultura.

La fundación trabaja con tres áreas que la complementan: un programa dedicado al financiamiento y apoyo de la producción y estudio de propuestas independientes, un departamento dedicado al análisis del panorama cultural contemporáneo y un área comprometida con la difusión del arte a través de programas pedagógicos.

Filósofo, artista, curador, entusiasta del arte y visionario, Patrick Charpenel toma las riendas de este importantísimo proyecto, que se encuentra en proceso de convertirse en patrimonio mexicano y mundial en el ámbito artístico, social y cultural. El Museo Jumex, la colección privada de arte contemporáneo más grande de América Latina, se encuentra a su mando con grandes personajes y metas a futuro.

¿Cómo surgió tu interés por el arte? ¿Quién consideras que inculcó esto en ti?

Esa es una buena pregunta porque surgió desde que tenía seis años. Yo ya estaba muy identificado y decidido a que iba a ser artista, que iba a ser pintor. A esa edad tuve mi primer maestro de pintura, en Guadalajara, sin que nadie me empujara en esa dirección.

¿Cuál es la relación entre la filosofía y el arte?

Creo que es muy importante, empezando por que las reflexiones sobre la estética fueron creadas por la filosofía. Desde que se hace uso de la razón —antes de los griegos— el hombre se ha cuestionado sobre la ética y la ontología, pero sobre todo sobre estética. El hombre se hizo hombre cuando inventó el lenguaje, y el lenguaje tiene que ver con las formas de representación; ahí es donde entra el arte, con la forma de representación gráfica, los ideogramas y más. El arte y la filosofía nacieron juntos y han ido de la mano desde el principio, aunque todavía no se llamaran como tal.

¿Cómo te ha servido la formación como filósofo para manejar el museo?

Siempre he estado metido en el arte, especialmente en el arte moderno y contemporáneo, desde muy pequeño. Cuando estudié filosofía estaba consciente de que se iba a convertir en una herramienta muy importante para curar exposiciones y demás.

Después de terminar tu formación, ¿cómo entraste en la curaduría?

De hecho entré mucho antes al mundo de la curaduría. En realidad, el mito dice que casi todos los curadores son artistas frustrados; por lo menos yo soy uno de esos que se confirman. En un momento de crisis como artista me involucré en la producción de proyectos de exposición, por lo que cada vez fui dejando la producción de mis propios trabajos. La primera exposición grande e importante que hice en mi vida fue en 1992, en el Museo de Arte Moderno y fue sobre ecología. Considero que ese fue un momento y un proyecto muy importante, donde definitivamente le di el giro y empecé a abandonar la idea de ser artista. Ahí fue cuando le puse más atención a los textos y a la crítica, al igual que a la curaduría de exposiciones.

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¿Cuál ha sido tu proyecto más complicado?

El proyecto inaugural del Museo Jumex fue complicado porque jugué el papel de director y curador, pero además se tenía que terminar la construcción del museo. La presión de la obra como tal, de los proyectos inaugurales y del montaje de la exposición fue una suma de trabajo muy estresante.

¿Qué esperas lograr como director de la Fundación Jumex?

Transformar una plataforma de arte contemporáneo en un centro no solamente de conocimiento, investigación y educación, sino también en un laboratorio de experiencias, al igual que convertirlo en un punto de confluencia en donde investigadores públicos y amantes del arte estén acompañados por mi idea romántica de creer en el arte. Creo que el arte es un agente de cambio social, entonces cuando la gente tiene experiencias con este tipo de productos culturales cambia su percepción de las cosas. Ese cambio de percepción tiene cuatro implicaciones: se hace más sensible, más consciente, más crítico y más participativo socialmente. Yo, personalmente, siento que los museos son necesarios y que ninguna civilización debe dejarlos fuera. Son fundamentales para crear reflexión, crítica e identidad, y nosotros somos responsables de crear un patrimonio. Los museos deben ser como las universidades, en la forma en que en estos lugares se investiga, se razona y se educa. Por ende, donde hay conocimiento, hay sentido crítico y así se despiertan comportamientos sociales.

¿Cuáles son los mayores retos que enfrentas como director?

En el momento en el que tienes una idea y esta se empieza a levantar y llevar a cabo, es muy importante cerrar los ciclos. Se tiene una misión, una visión y una identidad en donde es necesario cumplir con lo establecido y concretarlo.

¿Hacia dónde crees que se dirige el arte en el país? ¿Cuál es tu opinión del estatus del arte en México?

Creo que hay una condición latinoamericana que no tiene ninguna otra región en el mundo, ya que es el único lugar que fue brutalmente occidentalizado, pero que nunca dejó de ser margen. Otros países no tienen ese nivel de occidentalización sin haber sido occidente, pero ese proceso nunca llegó tan lejos como en América Latina. En el contexto de los fenómenos telemáticos y la globalización creo que nos pone en una posición muy interesante, ya que dentro de América Latina hay una efervescencia de artistas muy importante y la concentración de artistas y museos más importantes en esta zona la tiene México. Rivalizamos mucho con Brasil en el nivel de producción artística y cultural, pero donde hay un contraste es en la cantidad de galerías, ya que Brasil cuenta con un mayor número. A pesar de que están pasando muchas cosas en los dos países, yo apostaría a que México ahorita es el centro de producción de arte contemporáneo de América Latina.

¿Qué consideras que ha logrado la Fundación Jumex en su entorno social hasta ahora?

Eugenio López Alonso, presidente y fundador, empezó a coleccionar de una manera seria y sistemática hace diecisiete o dieciocho años, no solamente con recursos sino con todo lo que implica, comunidad y coherencia. En 2001 abrió con mucho éxito el primer espacio llamado Galería Jumex Ecatepec. Este proyecto fue visto más allá de la iniciativa privada, más por y para la sociedad civil. En ese momento, como una sociedad civil, se empezaron a atender los asuntos que habían sido descuidados, empezando con que el gobierno mexicano había dejado de coleccionar. En este momento Eugenio tiene una gran responsabilidad que concentra la colección más grande de arte contemporáneo del mundo. Se creó esta colección, donde el patrimonio del mexicano de varias generaciones está presente, y hay una gran responsabilidad de nuestra parte. La segunda cuestión es que no es una colección solo de arte contemporáneo mexicano, sino que es internacional y fuimos una de las primeras colecciones en hacer una jugada doble estratégica en el campo de mover información y nos encargamos de tener contacto con piezas internacionales y traerlas a México. Por otro lado, fuimos una de las únicas promotoras de artistas nacionales en exportar sus obras al extranjero.

Otro descuido que había en la sociedad —y que Jumex apoyó para solucionar— era la falta de becas y patrocinios para apoyar a investigadores, artistas e instituciones, por lo que se creó una plataforma que cambió completamente el sistema de arte en México, ya que los estudiantes curiosos por cultivarse regresaron al país con un nivel altísimo, mayor al que generalmente se manejaba aquí. Uno de los ejemplos más fuertes es el de Cuando la fe mueve montañas de Francis Alÿs, proyecto que se realizó en las afueras de Lima, Perú, que no hubiera sido posible sin el apoyo de Fundación Jumex. Es una de las piezas más famosas en la historia del arte universal de los últimos veinte años; cambió el mundo del arte. La idea de la obra fue juntar a quinientas personas en hilera, cada una con una pala, e ir desplazando un poco de arena. Esto para representar que ese esfuerzo colectivo trabajando por un fin común es capaz de mover montañas. Eso fue lo realmente poderoso de la obra y tuvo un impacto enorme de inspiración en miles de artistas de todo el mundo; cambiando la manera de crear y producir arte.

¿Ustedes evalúan los proyectos y después deciden a cuáles apoyan?

Hay un comité que está constituido por dos personas internas —que van cambiando— y un invitado externo. Ellos revisan los proyectos y ahí se selecciona a los más importantes.

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¿Qué piensas que diferencia a Jumex de cualquier otro museo en México?

Somos la primera institución que creó una casa editorial que distribuye internacionalmente sus propios catálogos y una colección académica con filosofía, historia del arte, antropología del arte y más.

De todos los museos que has visitado, ¿hay alguno que disfrutes por encima de los demás?

Como institución, realizamos siempre el ejercicio de ver qué modelos de museos funcionan, se actualizan y están respondiendo a la condición del hombre del siglo XXI. En su momento, Dia Art Foundation en Nueva York, permitió que los artistas hicieran proyectos ambiciosos y no existía otra institución que le diera apoyo a este tipo de obras. Me parece que esta institución tiene una historia increíble y que fue un nuevo modelo de museo al responder al tipo de producción que no estaba recibiendo ningún tipo de apoyo.

¿Te parece que este ojo crítico que puede elegir a los nuevos talentos es algo innato o hay que aprenderlo y trabajarlo?

Yo diría que es 10% talento y 90% trabajo. Probablemente el 10% es condición necesaria, mas no suficiente. Creo que se necesita un mínimo de sensibilidad para conectar con esas cosas, pero el resto es disciplina y trabajo.

Si pudieras recomendar un lugar en el mundo para que la gente vaya y disfrute del arte, ¿qué lugar sería?

Recomendaría que fueran a São Paulo, Sudáfrica, Hong Kong, Shanghái, Bogotá y muchos más. Es en estos lugares donde hay una efervescencia artística enorme que no se ve en Nueva York, Londres o París.