MERCADO ROMA | Hotbook

MERCADO ROMA

UNA NUEVA EXPERIENCIA URBANA

Hay algo en nuestro ADN —no sé si como defeños, pero me atrevo a decir que más bien como citadinos— que hace que disfrutemos más las cosas que vienen a nosotros como producto de una búsqueda furtiva por los rincones de la gran urbe. Es como si el eco del cazador primitivo del que todos provenimos resonara en nuestros hábitos contemporáneos y nos llevara a encontrar una sensación más gratificante en obtener findings después de un proceso de búsqueda, a pesar de que en una de las ciudades más pobladas del mundo, como la Ciudad de México, todo está “a la mano” y no hay necesidad de ir a buscarlo. O quizás, es más bien por eso que encontramos especial emoción en lo que hemos hallado de una forma menos explícita.

En esta curiosidad antropológica del homo urbanus, la figura de los mercados tiene mucho que ver. Especialmente en esta gran Tenochtitlan del siglo XXI, pues no puedo evitar pensar en aquella maqueta gigante del mercado prehispánico que todos los que nos jactamos de vivir o visitar la ciudad hemos visto en el Museo de Antropología, y así darme cuenta de que el concepto de mercado está en nuestro modus vivendi desde tiempos inmemoriales; es parte de nuestra identidad.

Este fenómeno se repite, además, en el concepto de ciudad alrededor del mundo e incluso el desarrollo de las ciudades está íntimamente ligado al mercado, no solo como figura de transacciones económicas, sino más bien como el lugar físico donde estas transacciones, intercambio de bienes y hasta los findings peculiares se llevan a cabo. Así, es lo más natural pensar que la evolución de las ciudades está también íntimamente vinculada a la evolución de los mercados que, aunque se adaptan a los nuevos tiempos incluso amenazando con extinguirse, siempre resurgen con su concepto base muy arraigado, pues si lo pensamos bien son el hilo conductor de nuestro sistema económico que rige además las esferas culturales y sociales de nuestro entorno.

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La prueba más indiscutible de este resurgimiento se encuentra en la Ciudad de México, en el corazón de una de las colonias con más tradición, pero también con más propuesta en los últimos años, la Colonia Roma. Este espacio, que seguramente se convertirá en un spot obligado de la escena chilanga, se llama, sin más, Mercado Roma.

Insertado en lo que antes fue el Bar León, en la calle de Querétaro, encontramos un oasis dedicado a las experiencias gastronómicas con una propuesta nunca antes vista. A pesar de que su intención es retomar el concepto del mercado tradicional, Mercado Roma da un giro gourmet a los tradicionales puestos de comida de los que están compuestos los mercados y nos adentra en un mundo donde convergen las más novedosas tendencias culinarias que difícilmente encontraremos juntas en otro lugar de la ciudad.

Mucho se había escuchado de la originalidad del proyecto, que estuvo a cargo de Rojkind Arquitectos, con aportaciones de nombres posicionados en el mundo del diseño mexicano como Alberto Villareal, Emiliano Godoy y Cecilia León de la Barra, entre muchos otros. Pero al llegar ahí, la visita a Mercado Roma se convierte más bien en toda una experiencia. Te recibe su diseño arquitectónico con aires de gentrificación que reutiliza un espacio de carácter industrial y que inmediatamente te hace pasar a otro estado de ánimo: uno más receptivo que prepara tus papilas gustativas, y en realidad los cinco sentidos, para todo lo que encontrarás ahí dentro.

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Recorrerlo se vuelve algo muy intuitivo, pues su disposición está pensada como los mercados tradicionales, lo que lo hace muy familiar y cercano. La planta baja alberga cincuenta y tres locales diferentes, en una planta más arriba se pueden encontrar otros tantos locales cada uno con una propuesta única y, según como se proyectó, las plantas superiores serán espacio de restaurantes, bares y una terraza. En los locales se puede encontrar desde los tradicionales antojitos mexicanos con un twist de cocina contemporánea a cargo de, por ejemplo, Azul Antojo (el nuevo concepto de la franquicia Azul Restaurantes), hasta los más frescos pescados y mariscos, pozole, cemitas poblanas, cocina internacional, productos de charcutería, especias gourmet, productos orgánicos, flores, panadería tradicional mexicana, la chocolatería más gourmet como QUE BO! y hasta los macarons con sabores más exóticos e internacionales de Theurel & Thomas.

Hay además una intención de curaduría meticulosa en los locales, pues a pesar de seguir conservando el savoir-faire de los mercados tradicionales que tienen puestos sin marca, en Mercado Roma sí hay un esfuerzo por acercar al público y a la comunidad precisamente a las marcas que iniciaron como propuestas alternativas en el panorama gastronómico de la ciudad, pero que poco a poco se colocan como las mejores en la escena urbana, sobre todo por su especial atención en el sentido artesanal de sus procesos.

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Mercado Roma retoma también uno de los puntos cruciales del mercado, que es su uso como espacio de intercambio no solo material, sino también social y de comunidad. Mercado Roma busca integrar colaborativamente las acciones de todos los actores involucrados, desde aquellos que diseñaron el proyecto hasta los mismos productores/locatarios, consumidores y visitantes. Una de las claves arquitectónicas de esta intención comunitaria se puede ver en un espacio abierto tipo terraza que se encuentra al fondo del mercado y que está dispuesto con mobiliario a manera de comedor comunal que recuerda más bien a un espacio de food court, donde todos los visitantes, si no desean comer en los locales, pueden transformar su experiencia en una de intercambio social al instalarse ahí y poder así convivir más de cerca con los demás visitantes, lo que genera una dinámica mucho más comunitaria. Aunado a esto, dicho espacio está también contorneado por un huerto vertical totalmente funcional (a cargo de Huertos Concretos), donde se cosechan productos frescos que además están a la venta en el mismo Mercado Roma, lo que lo inserta en un esquema de vanguardia, donde es tendencia internacional buscar ciclos de producción-distribución-venta orgánica y local que contribuya sustentablemente al entorno, entre muchos otros beneficios. Este espacio le otorga una sensación muy contemporánea a Mercado Roma, no solo en concepto, sino también en su estética, y lo coloca como un referente contemporáneo en la ciudad.

Mercado Roma conjuga los olores y sabores más cuidados de la escena urbana en la Ciudad de México, volviéndose una reinterpretación del paradigma del mercado como lo conocemos, que aun así es fiel a sus raíces y simplemente evoluciona al mismo ritmo que la ciudad. Esto lo convierte en uno de los espacios obligados no solo para los sibaritas defeños, sino también para todo aquel que disfrute de saciar ese espíritu de caza por encontrar nuevas cosas y experiencias, para ser capaces de alimentar un insaciable sentido de hallazgo y descubrir lugares que nos sigan sorprendiendo en la ciudad.