El misticismo de Paola Hernández | Hotbook

El misticismo de Paola Hernández

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La diseñadora mexicana, Paola Hernández, vive y trabaja entre la Ciudad de México y Nueva York. Amante de las bellas artes y la filosofía, Paola demuestra que el talento mexicano puede estar en la mira de la escena internacional de la moda. Temporada tras temporada impresiona con sus piezas inigualables y en esta ocasión nos platicó sobre su impresionante trayectoria y su última colección, Aleph otoño-invierno 2014.

Cuéntanos un poco de cómo decidiste ser parte del mundo de la moda.
Estaba estudiando filosofía, porque me encontraba en una búsqueda para encontrar mi razón de ser, mi propósito de existir, estar en esta vida, mi razón de estar aquí. Siento que esa respuesta nunca va a estar cien por ciento definida, sino que se va respondiendo en el proceso de la búsqueda. Así que cuando era momento de decidir qué iba a estudiar, quise estudiar algo que me acercara un poco al análisis de este proceso y que me enseñara un poco sobre la historia del pensamiento humano. Lo interesante fue que mientras estudiaba filosofía, al segundo año, me di cuenta de que lo que realmente me apasiona en la vida y en donde creo que tengo algo qué decir es más con lo creativo que con las palabras. La filosofía es una descripción mucho más a partir del lenguaje para poder plantear ideas. Me gusta mucho más la sutileza de lo creativo, porque plantea la misma idea sin que sea literal. Es más abierta a la interpretación. Entonces, a los dos años de estudiar filosofía, tenía una fiesta y decidí hacerme una falda. Tenía la idea en mi cabeza de cómo la quería exactamente, la busqué por todos lados y no la encontré. Me frustré porque no podía creer que no existiera una falda justo como la que me había imaginado, entonces decidí hacerla. Le marqué a una amiga que tenía una máquina de coser, le conté de mi idea y le pedí que me ayudara a hacerla. En la fiesta, dos niñas se acercaron a preguntarnos dónde la había comprado. Les contesté que yo la había hecho. Entonces me pidieron que les hiciera una a cada quien. Aunque al principio no quería, después pensé que obviamente podía hacerles una falda y me animé. Creo que es muy importante esa primera experiencia: tener una idea y volverla un objeto real, algo tangible. De ahí me gustó mucho esa idea de compartir con los demás, me pareció una entrega.

Más adelante en mi carrera tuve una gran oportunidad. Ya que en filosofía hay muy pocos estudiantes, alrededor de mis últimos semestres tuve la opción de tomar cualquier materia optativa de toda la Ibero, entonces decidí tomar clases de diseño textil. Era la “rara”, ya que era la chava de filosofía que estaba en una clase de diseño textil, pero me encantaba. Tomé clases de costura, de patronaje y con todas las ganas de realmente aprender de ese lenguaje. Después de que me gradué de la Ibero tomé la decisión de irme a Londres a Central Saint Martins para aprender más de la moda, de diseño, cómo hacer una colección, cómo transformar una colección, qué es lo que hace una colección, más sobre marketing de moda… el punto era entender sobre el lenguaje de la moda. Cuando regresé a México, regresé con la idea del nombre de mi marca. Antes le había puesto Glam, porque se me hacía chistoso el nombre y ya, pero no era realmente mi marca. Así que lo pensé y decidí cambiar el nombre de mi marca a Paola Hernández, siguiendo la idea de que cuando los artistas firman un cuadro le ponen su nombre. Me gusta mucho que mi apellido es supermexicano, de alguna manera sigo honrando mis raíces y de dónde soy en cualquier lado.

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¿Por qué moda particularmente?
Siento que es expresión creativa en donde el ser humano tiene todo que ver. Finalmente es quien lo usa y quien se expresa a partir de cómo se ve. Algo que me gusta mucho de la moda es que, aunque tú como creador hagas una pieza, al final la pieza toma otra parte creativa a partir de lo que la gente hace con ella y a partir de cómo la gente la usa. Incluso es un cambio que sucede de un día al otro. Eso me gusta, que el proceso creativo sigue expandiéndose y nunca para.

Además del nombre de tu marca, ¿de dónde viene el sentimiento de mexicanidad en tus colecciones?
La mexicanidad dentro de mis colecciones y en mi marca en general viene del misticismo que existe dentro de la cultura mexicana.

¿Qué es lo que Paola Hernández le trata de decir al mundo?
En mi logo se pueden ver dos corazones que representan la dualidad del mundo y, en medio, forman un tercer corazón que representa la unidad. Sí creo que esta búsqueda de un estado de paz, de amor, este sentimiento de saber que estás en donde tienes que estar, haciendo lo que debes estar haciendo, realmente sucede dentro del mismo caos, no es algo que pase afuera. Lo importante es darte cuenta qué está pasando todo el tiempo frente a tus ojos y todo lo que haces representa quién eres. El chiste es hacerse consciente dentro de la experiencia de la realidad. Así se podría resumir mi búsqueda con mi marca. Encima de los corazones hay una corona, porque la palabra “realeza” y la palabra “realidad” vienen de la misma etimología; la corona representa más la dualidad de la realidad. Encima de la corona hay una cruz que de un lado es un círculo, representa a todo el lado femenino, el contenido de las cosas. La otra parte representa la acción, lo masculino, lo que hace que las cosas sucedan. Mi marca siempre está en una búsqueda del equilibrio entre lo masculino y lo femenino, es energía que todos tenemos sin importar que seas mujer u hombre. Por lo mismo, en mis colecciones trato de usar contrastes.

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¿Cómo defines el estilo de Paola Hernández?
Es un poco clean, contemporánea, elegante, pero más que nada es cómoda. La ropa incómoda no me gusta. Creo que trato que las personas que la usen se sientan cómodas con ellas mismas. Por ahí tenía una frase que era “Paola Hernández, más que cubrir, te ayuda a descubrirte”.

Vivir en dos ciudades tan contrastantes puede ser toda una experiencia. ¿Cómo crees que la energía de Nueva York y México se refleja tanto en tu proceso creativo como en tus colecciones?
Nueva York es mi estudio creativo, el lugar en donde mi equipo de diseño y yo planeamos los diseños. La ciudad de Nueva York es perfecta para buscar inspiración, hay más flujo de ideas innovadoras, siempre está en movimiento y siempre está sucediendo algo interesante. México es mi hogar, mi familia, en donde, de alguna manera, siempre soy parte de lo mismo. En cuanto a las colecciones, creo que, en general, las piezas que son más atrevidas tienen más éxito en Nueva York que en México. En México se encuentra mi equipo de producción, aquí es donde ya los diseños se vuelven realidad. Creo que estar en México y en Nueva York es una gran fortaleza. Me gusta estar entre estas dos grandes ciudades porque, al no estar en alguna, entiendo por qué me gusta tanto. En el caso de Nueva York me gusta y me inspira la energía creativa que hay, me encanta ir a galerías, shows, museos y todo está en una constante evolución creativa.

¿De qué trata tu última colección Aleph otoño-invierno 2014?
Fue nombrada Aleph a partir del cuento de Jorge Luis Borges; describe un punto desde el que se pueden ver todos los lugares, vistos desde todos los ángulos, simultáneamente. Básicamente, la colección expresa que todo está interconectado, creando unidad y generando un efecto mariposa. Habla de cómo la conciencia conoce, quiero decir, entre más tiempo pases en una experiencia más detalles puedes ver. La ropa tiene telas muy fluidas porque creo que la conciencia toma tiempo y no es directa. En cuanto a los colores, son brillantes porque creo que la conciencia asemeja mucho lo que hace la luz. Lo que es siempre es, pero hasta que prendes la luz lo ves.

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¿Qué lugar es tu favorito en Brooklyn para tomar un café, un drink o un helado?
Hay una heladería que me gusta mucho cerca de uno de mis parques favoritos, el McCarren Park, la heladería se llama Van Leeuwen Artisan Ice Cream.

¿Qué viaje ha sido el que más te ha marcado y crees que se haya reflejado en tu trabajo? ¿Por qué?
La India es un lugar increíble, más pasional que México, es superoverwhelming. Fue un viaje que me ayudó a entender un poco la sencillez de la expresión espiritual de la vida cotidiana. Me di cuenta de cómo la gente solo es y son felices, creo que esa es la meta. Aristóteles lo decía: “La finalidad del ser humano es la felicidad”.