Poncho Borbolla | Hotbook

Poncho Borbolla

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De querer tocar la campana del camión de la basura a rebanar el jamón en la carnisalchichonería y a haber querido interpretar a Darth Vader, es que este prometedor actor nos cuenta algunas de sus aventuras y cómo por cuestiones del destino, o no, es que terminó en una clase de actuación en la prepa, lo que marcó el futuro de su camino.

Poncho Borbolla, joven actor de cine, televisión y teatro, ha pisado distintos escenarios que han ido definiendo a los personajes que ha interpretado. Unos más complejos que otros, pero siempre con el común denominador de no ver a su profesión como “trabajo”, sino como una oportunidad temporal para ir construyendo diversas personalidades, ocupaciones y vidas y, de esa forma, poder contarnos historias.

¿Te acuerdas de qué querías ser a los seis años y luego a los quince?
Sí, a los seis, o cuando menos durante la niñez, quise ser dos cosas: el que cortaba el jamón en la carnisalchichonería y el que tocaba la campana del camión de la basura…jajaja, en serio. Y a los quince, no me acuerdo muy bien, pero debo haber andado por la veterinaria y el periodismo.

¿Cómo descubriste tu amor por la actuación?
Cuando entré a prepa había una clase que se llamaba Actividades Estéticas y uno podía escoger de entre varias opciones. En realidad yo escogí Periodismo, pero tenían prioridad los de sexto, luego los de quinto y después los nuevos como yo, así que se llenó y me pidieron que escogiera otra opción. Foto era muy cara; Deportes (que era una actividad estética, según el Tomás Moro), ni muerto; Diseño, siempre fui malo y había clases de algún juego de mesa que no era ajedrez, no recuerdo. Total, que escogí Teatro por descarte, junto con Mauricio, mi mejor amigo.
Nosotros escribimos nuestra obra y entramos al concurso de teatro universitario de la UNAM y ahí fue cuando me di cuenta de que quería ser actor. Saliendo de la obra les dije a mis papás que quería ser actor y me vieron con cara de: “también ibas a ser tenista y karateca y ahí están arrumbadas las cosas”.

¿Cuáles son tres de tus películas favoritas y qué personajes (aunque no sean de estas películas) te hubiera gustado interpretar y por qué?
Mi película favorita es Delicatessen, me encanta. Horse Feathers, de los hermanos Marx también me encanta… tengo tan mala memoria. Me encanta Fight Club, American History X, Finding Nemo, El Orfanato, The Silence of the Lambs. Creo que muchas veces las películas son especiales no tanto por sus valores cinematográficos, sino por el momento en el que llegan a tu vida.
El personaje que me hubiera encantado interpretar: Darth Vader, definitivamente… porque, pues es Darth Vader, pero además es un personaje que nunca podría interpretar a menos que lo hiciera en una fiesta infantil y, pues no.

Cuéntame un poco, ¿cómo llegaste adonde estás hoy? ¿Qué es La Improlucha? ¿Cómo nació?
Alguna vez me llevaron a ver la primera temporada de la Copa de Improvisadores, que se hacía en el Helénico, y quedé completamente enamorado. Hice algunos trucos para colarme a su fiesta de fin de temporada y conocer a Omar Argentino, quien les dio su primer curso de impro a todos ellos. Tomé un curso con él y a partir de entonces he estado metido en la impro. Cuando los derechos de la Copa de Improvisadores caducaron (porque es un concepto canadiense), Omar Medina y José Luis Saldaña idearon La Improlucha, basados en otro show de improvisación belga que se llama Catch, pero lo mezclaron con lucha libre mexicana.
Creo que nadie se imaginó que le iba a ir tan bien. Lleva ocho temporadas y creo que puedo decir que el 90% de mis chambas han salido gracias a la impro. De ahí me he despegado al cabaret, al teatro de calle y, desde hace poco, al cine y a la tele. Hace apenas tres años decidí que quería empezar a hacer cine y tele y ahí voy. Son mundos muy distintos, pero todos tienen sus bondades.

¿Cómo describirías tu trabajo en una oración?
No es un trabajo.

Cuéntame una de las experiencias más extrañas que hayas tenido en un rodaje.
Es más bonita que extraña. El año pasado estaba grabando un capítulo para una serie que se va a llamar La sombra del ángel (aunque es un título provisional). Estábamos en la calle, a las diez de la mañana, haciendo una escena donde yo tenía que pasar caminando junto a un vagabundo, que obviamente era un actor. El “vagabundo” estaba sentado en la banqueta y en la calle estaban la cámara y las luces y todo. Entonces, por la calle venían dos vagabundos reales, un hombre y una mujer. Vieron al vagabundo actor, sacaron de sus mochilas un Tonayán, un Boing y cada quien traía un café. Se sentaron con él, le empezaron a platicar y le ofrecieron de todo lo que traían, no lo bajaban de “hermanito”. Nosotros estábamos fascinados, esos dos no se habían dado cuenta de las cámaras ni de nada, no sé cómo. Dejamos que pasara un rato hasta que alguien se acercó a decirles que estábamos grabando y los dos vagabundos rieron. Ella estaba muy preocupada porque se veía muy mal e iba a salir en la tele. Se disculparon, le dejaron al actor su café, su Boing y su Tonayán y se fueron. Fue increíble.

¿Cuál ha sido el papel que más trabajo te ha costado interpretar? Seguramente todos son un reto, pero el más complejo.
Yo creo que Kramsky de Diente por diente. Fue mi primera película y era el personaje principal. Era un hombre muy tímido y muy frustrado. Fue difícil porque yo venía del teatro, además de la impro y del cabaret, donde normalmente hago personajes muy fársicos. Entonces, entrar a ese mundo de las emociones muy contenidas fue complicado.

¿Qué tan diferente es actuar para teatro que actuar para la cámara?
Muy. El teatro tiene una gran ventaja y es que se hace de tirón, por lo que uno como actor puede aprovechar todo lo que se va generando durante la escena para seguir, y a partir de eso se va construyendo. Además, está el público, que siempre va acompañando al actor a lo largo de la obra. El público es como un termómetro, porque se ríe o llora o lo que sea, pero es una experiencia colectiva en la que uno se siente acompañado. El cine creo que es más frío. Aunque todos están ahí haciendo el mismo proyecto, cada quien está clavado en su área, poniendo atención a su tema. Sin embargo, lo que es padre del cine es que el trabajo puede ser mucho más detallista. Es bonito poder trabajar escena por escena en la que un solo detalle puede decirlo todo.

¿Cómo ves la escena cinematográfica y teatral mexicana de hoy en día?
La teatral la veo muy bien, se está haciendo mucho teatro y muy bueno. Con la ley 226 Bis el teatro y los teatreros ahora están más cerca de poder hacer lo que imaginan. El cine lleva un camino un poco más adelantado, pero el fenómeno es el mismo. Yo creo que la 226 vino a empujar a los dos. Ahora, el problema que enfrenta el cine (y el teatro va pisándole los talones) es que por más películas y obras que se hagan la gente no las va a ver. Creo que para que ambas sean industrias autosustentanbles es fundamental que haya políticas que no solo apoyen al artista, sino al público.
Si no hay una cultura de ver cine y teatro mexicano no habrá dinero del gobierno que alcance.

Si no fueras actor, ¿qué te hubiera gustado ser?
Soy un músico frustrado.

¿Te toca viajar mucho por tu trabajo? ¿Qué es lo que más disfrutas?
La impro es lo que más me ha hecho viajar. En muchos países se hacen torneos de improvisación internacionales y yo he ido representando a México a festivales en España, Colombia y Chile. Es muy distinto, conoces otro país. En los viajes de placer conoces los países de las postales: el centro, los museos, las plazas… y en los viajes de trabajo (si no son exprés) conoces a las personas. Lo que más disfruto de viajar es comer, procuro que mis viajes sean siempre un poco gastronómicos. Lo que también me encanta de viajar es chismear en las conversaciones ajenas, escuchar los acentos de la gente e imaginarme sus vidas.

Cuéntame uno de tus viajes más memorables.
Fuimos a un torneo de impro a Medellín. Normalmente los festivales los organizan en Bogotá, así que la compañía de Medellín estaba muy emocionada de recibirnos. Medellín es una ciudad preciosa, chiquita, en un valle rodeado de montañas, clima medio tropical, los camellones están llenos de árboles de mango, las casas son de tabique rojo.
Dimos funciones en un teatro gigante. Una de las cosas complicadas de dar funciones en otro país es que muchos de nuestros referentes mexicanos no aplican y eso puede hacer que las impros sean un poco sosas, pero Colombia está muy cerca y nos conocen muy bien. Al final del torneo nos organizaron una fiesta en una “chiva”, que es una camionetita muy tradicional, muy pintoresca. Fuimos recorriendo toda la ciudad de noche, subimos a un grupo que iba tocando cumbias y bebimos sin control. Al día siguiente nos fuimos unos colombianos, unos argentinos y yo a Isla Fuerte, una isla en el Caribe colombiano, que es lo máximo. El camino es eterno, tomamos camión, jeep, moto y panga para llegar. En la carretera de ida, cuando íbamos en el jeep, los taxis son motos y hay un chingo, nuestro chofer atropelló a uno; llegó la policía, le dijo al motociclista que se levantara y que no chillara. Todos estaban muertos de risa menos nosotros. Me sentía como noruego en Chacagua. Total, que no pasó a mayores. Seguimos. Llegamos a Isla Fuerte, a casa de uno de los improvisadores colombianos. Es una isla chiquitita con una población casi 100% negra, con los negros y negras más hermosos del mundo. Desde la casa se bajaban unos cincuenta metros y había una minibahía que era solo para nosotros. Un día estuvimos como catorce horas sin salir del mar. El agua estaba a la temperatura perfecta, sin olas, si nadabas treinta metros llegabas a un arrecife en el que podías esnorquelear. Reímos sin parar, inventamos series, telenovelas, documentales y cuanta historia. Vimos todos los paisajes posibles: nubes, no nubes, arcoíris, en la noche había una tormenta lejos en el mar y cuando había rayos uno podía verse los pies dentro del agua. De vez en vez, Dioris, que nos atendía como reyes, nos aventaba botellas de whisky al mar para seguir en la fiesta. Increíble.

Si pudieras viajar en el tiempo, ¿a qué época te gustaría ir? ¿Por qué?
Me encantaría ver a los dinosaurios, a ver si sí son como nos los pintan y si es cierto que gruñían.

Recomiéndame un lugar para ir, dónde quedarme, dónde comer y algo qué hacer.
Te recomendaría ir a Madrid, tendría que ser al inicio o al final del verano. No sabría dónde decirte que te quedes, pero el día sería éste: en la mañana te vas a dar una vuelta al Rastro, ahí buscas cualquier bar y desayunas un pincho de tortilla de papa con una caña, sales a chacharear por el Rastro y compras una que otra cosilla para tu casa o para regalarle a alguien. Cuando te vuelva a dar hambre vas a comer a la Taberna Kaixo en la calle de Barcelona 12, te pides el secreto ibérico, unas croquetas y el aserrín de foie gras. Te tomas unos vinos y después te vas a echar una siesta al parque del Retiro. Regresas a tu hotel, te emperifollas y te cercioras de ponerte zapatos cómodos. En la noche te encargas de buscar un espectáculo que se llama The Class, posiblemente esté en La Casa de los Jacintos, en Lavapiés. Llegando pides un gin tonic, escoges la rola que más te guste del repertorio del show y te preparas para vivir los cinco minutos al más puro estilo de tu rockstar favorito. Después de que te ovacionen, pides otro gin tonic. Cuando acabe el show buscas a Jorge Rueda, el director y front man del show. Te presentas, le dices que eres amiga de Poncho Borbolla y que ya sabe qué hacer. Pides un último gin tonic para llevar y dejas que él te lleve dos o tres días de fiesta sin parar. Será, sin duda, la mejor.

¿Cuáles son tus próximos proyectos?
Sigo con Mikorte Informativo y La Improlucha regresa en septiembre.
Todavía no sé cuándo, pero reestrenaremos Improbeach.
Estrenaremos The Class en México.
Soy parte del elenco de Saturday Night Live México que, si todo sale bien, saldrá al aire este año.
Junto con Mauricio Galaz e Isabel Aerenlund sacaremos, en estos meses, un canal de Youtube con contenido de comedia producido, escrito y actuado por nosotros.

¿Qué consejo le darías a alguien que quiere dedicarse a la actuación?
Que tenga paciencia, porque es una carrera de cocción lenta y que no se tome los rechazos personales.

¿Cómo te ves a los 70 años?
Jajaja, es pregunta como de escuela, hasta miedo me dio. No tengo idea, me gustaría verme divirtiéndome con lo que hago y no haberle abierto la puerta a la amargura.