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Waste Land

Puede parecer contradictorio que el basurero más grande de Río de Janeiro se llame Jardín Gramacho. Aunque después de la exploración que se hace a lo largo del documental “Waste Land” (2010) uno comienza a sentir que hay mucho que florece entre el mar de desperdicio.

La directora Lucy Walter sigue al artista Vik Muniz, nacido en São Paulo y actualmente residente de Brooklyn, mundialmente conocido por sus reinterpretaciones de célebres obras de arte utilizando materiales inusuales. Entre su trabajo recordamos la “Doble Mona Lisa” (1999), retrato doble de la famosa “Gioconda” de Leonardo Da Vinci, una hecha con mantequilla de maní y la otra con mermelada. O bien, la recreación de la “Última Cena” del mismo autor renacentista hecha de chocolate líquido.

Vik Muniz ha seguido una línea de trabajos socialmente comprometidos de entre los que destaca su serie titulada “Niños de Azúcar” (1996), en la que el artista realizó diversos retratos de niños en la isla caribeña de San Kilt’s utilizando granos de azúcar para simbolizar que el trabajo casi esclavizante de las plantaciones azucareras acabaría por destruir la dulzura de su niñez.

Dos años después Muniz realizaría “Niños del Carnaval”, serie inspirada en aquellos hijos de la calle que viven en los barrios de la megalópolis brasileña de São Paulo. Para este grupo de trabajos, el artista se acercó a los niños, los documentó en su violento entorno recreando con ellos imágenes de la historia del arte a partir de los desperdicios del carnaval.

En su búsqueda por retribuir a una comunidad en necesidad, Muniz presenta en 2010 un nuevo proyecto: el documental titulado “Waste Land” en el que realiza una serie de retratos de hombres y mujeres que se ganan la vida saqueando Gramacho, viviendo entre la basura, restos de comida, e incluso cadáveres humanos, en busca de materiales reciclables para vender.

El setenta por ciento del desperdicio de Rio termina en Gramacho, una vasta isla de basura de la que los pepenadores extraen ciertos materiales para vender. Cada catador se nos muestra como especialista en su rama de basura: botellas de plástico, metal, papel, por mencionar algunas. Inclusive Irma, que lleva cerca de 30 años en Gramacho, se dedica a buscar carne y otros alimentos que ella cocina in situ para alimentar a los pepenadores.

Estos catadores, o pepenadores, que Muniz elige para retratar, ofrecen al espectador una mirada al kaleidoscopio de personajes que laboran en el enorme depósito de basura. Entre ellos nos presentan a Tião, responsable de sindicalizar a los pepenadores y figura fuerte de liderazgo, que explica al artista procesos y cantidades de basura que es reciclada. Zumbi, miembro del consejo de catadores y residente intelectual, comparte sus sueños de abrir una biblioteca con los libros que encuentra. Suelem, joven de 18 años y madre de dos que ha trabajado en el basurero desde los 7 años.

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A lo largo del documental, nos volvemos testigos de cómo sus vidas cambian por completo al ser elegidos para colaborar con el artista. Nos adentramos en sus vidas, conocemos sus casas, nos relatan los momentos devastadores por los que han pasado, pero a pesar de aquellas vivencias trágicas, los protagonistas de “Waste Land” no quieren transmitir pena, se presentan orgullosos de su trabajo ya que saben que es más digno que el abandono a la prostitución o al tráfico de drogas al que la mayoría recurre.

Aún así, el descubrir estos estratos de la sociedad brasileña sólo explica de manera parcial el por qué de la creciente atención hacia este documental y los múltiples premios que ha recibido en el circuito de festivales de cine. La posibilidad de observar el proceso creativo de artistas de la talla de Vik Muniz, ser testigos del nacimiento de una idea, de su ejecución y de su destino tras la venta, es igual de cautivador.

A lo largo del documental se nos muestra como el artista crea retratos masivos de sus sujetos mediante la proyección de fotografías en el piso, calcando posteriormente sus caras, contornos y sombras con un mosaico de materiales reciclables. Una vez concluido este proceso, el artista fotografía la enorme creación dando cabida a una obra de arte transportable y vendible. En este caso, llama la atención que el artista permite que los catadores ayuden a lo largo de todo el meticuloso proceso artístico. De esta manera, Muniz logra una colaboración total, Suelem deja de ser sujeto para convertirse en artista de las obras que los sacarían del anonimato, a ella y a todos aquellos que trabajan en Gramacho.

La serie terminada consta de siete imágenes diferentes. Entre las piezas concluidas destaca la recreación de la obra del célebre artista neoclásico francés Jacques-Louis David -“La Muerte de Marat” (1793)- para la que Muniz elige al líder Tião para que interprete al revolucionario asesinado. Igualmente asombrosa es Isis que da vida a la icónica imagen del periodo azul de Pablo Picasso, “Mujer Planchando” (1904).

Muniz comparte con la organización de catadores el cincuenta por ciento de las utilidades recaudadas tras las ventas de las fotografías en subastas. Inclusive lleva a Tião a Londres a ser testigo de la venta de su imagen en la casa de subastas Phillips de Pury & Company donde alcanza el precio de martillo de $50,000 dólares. También lleva a sus nuevos colegas a la inauguración de su exposición en el Museo de Arte Moderno en São Paolo, donde fueron entrevistados y alabados.

Pero dejando a un lado el dinero y la fama, Muniz ayudó a que los catadores forjaran una nueva imagen de sí mismos y, posiblemente, el valor necesario para cambiar el rumbo de sus vidas. A pesar de las palabras de orgullo que una y otra vez repitieron acerca de su digno trabajo, una vez que vieron la vida fuera del basurero, los pepenadores decidieron mejorar sus vidas tanto dentro como fuera de Gramacho.

El producto final, y el valor monetario alcanzado en subasta y destinado a los catadores, es sólo una variación del tema del documental de transformar basura en tesoro. La vida es de esa manera impredecible. “Waste Land” es un testimonio de que las cosas pueden empeorar en un instante, pero de igual forma pueden mejorar inesperadamente.