Texto y fotos por: Jorge Cervera Hauser

Estoy llegando a las 9am de un vuelo procedente de La Paz, Baja California. Bahía Magdalena es el lugar donde he visto algunas de las cosas más impresionantes bajo el agua, y también un lugar del que he regresado con las manos vacías en varias ocasiones. Es el caso de este último viaje.

Este viaje surge después de tres semanas en que diferentes miembros del equipo de Pelagic Life tuvieron algunas de las expediciones más exitosas en Baja en los últimos 5 años. En un viaje, tuvieron la rarísima oportunidad de coincidir con una familia de orcas y nadar con ellas; dos semanas después, coincidieron con la migración anual de tiburones sedosos, nadando con más de 100 tiburones al mismo tiempo; y en el ínter, yo estuve presente en una expedición a Todos Santos que también fue un home run de vida pelágica. En nuestras palabras, julio fue un mes muy “caliente” en las aguas de Baja Sur.

Bahía Magdalena, o Magbay, es un lugar muy especial para todos nosotros en Pelagic Life, porque es donde operamos un proyecto piloto de desarrollo de ecoturismo, por el cual queremos que la comunidad local tenga alternativas económicas a la pesca, sobre todo de tiburón, derivadas del turismo de nado con tiburones, tanto directa como indirectamente. Desde hace más de cuatro años visito este lugar más o menos una vez al mes, comprobando cada vez que es un hotspot de mega fauna marina.

¿Qué fue lo que cambió que hizo que este fin de semana no viéramos tiburones, ballenas, o indicio alguno de vida o actividad cerca de la superficie? Muy fácil: así es el mar, y así es la exploración. Hay que acostumbrarse.

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Primero tenemos que entender a qué nos referimos cuando hablamos de especies pelágicas. La palabra “pelágico” viene del griego ‘pélagos’ que significa mar abierto, y las especies pelágicas son todas aquellas que viven en el azul, lejos de arrecifes, rocas, y bosques kelp.

Algunos ejemplos son la mayoría de los tiburones, delfines, ballenas, los picudos (marlín, pez vela, pez espada), mantas gigantes, móbulas, y algunas tortugas entre muchos otros. Todos son migratorios, y todos están en constante movimiento. Encontrar una ballena azul, que mide 30 m de largo y cuyo corazón es del tamaño de un Volkswagen, es como buscar una aguja en un pajar, ya que el océano es muy grande. La exploración del mar abierto se basa en conocimiento de temporadas, clima, corrientes, patrones de migración, y en una gran parte, en el conocimiento de los pescadores locales, todo esto aderezado con un toque de suerte, ya que lo que estás buscando puede estar pasando a 1 km de distancia, y nunca te vas a enterar… tan cerca y tan lejos. Por default, ser un explorador significa saber que vas a regresar con las manos vacías la mayoría de las veces, y hacer las paces con eso, porque cuando la suerte te sonríe, todo vale la pena, y te das cuenta de que si no costara trabajo, esfuerzo, y muchísimas horas en altamar, no sabría igual de rico.

Por default, ser un explorador significa saber que vas a regresar con las manos vacías la mayoría de las veces…

Para entendernos cuando les hablo de grandes recompensas y premios, a continuación recapitulo los cinco mejores momentos que he vivido con mi cámara debajo del agua, donde regresaremos, más de una vez, a esta misteriosa bahía en el Pacífico.

5. Los delfines del SS Thistlegorm. Mar Rojo, Egipto. 2011

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El Thistlegorm es un mercante naval británico que fue hundido por los nazis en 1941 en el Mar Rojo. Este buceo de por sí es muy bueno, ya que el barco está lleno de artefactos de la Segunda Guerra Mundial, como jeeps, tanquetas, fusiles, etc. Prácticamente un museo dentro de un museo bajo el agua. Ya al final del buceo, durante la parada de seguridad, una familia de más de 20 delfines muy juguetones pasó a saludar, alargando mi buceo por casi media hora más.

 

4. Dragones caribeños. Banco Chinchorro, Quintana Roo. 2013

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Desde que unos sudafricanos empezaron a bucear con cocodrilos del Nilo juveniles en el Delta del Okavango, nosotros teníamos la espinita de hacer algo similar en México con el cocodrilo americano de agua salada. Sabíamos que en una diminuta isla llamada Cayo Centro, en medio de Banco Chinchorro a 35 millas de la costa y muy cerca de Belice, habitaba una población de más de 200 cocodrilos. Nadie sabe cómo llegaron ahí, y lo apartado de la isla ha hecho que sea la raza más pura de cocodrilo americano en el mundo, ya que no hay otras especies como el moreletti con las que se puedan cruzar. La ubicación también es muy conveniente, ya que esos cocodrilos están acostumbrados a salir al agua salada para comerse las sobras de los pescadores que viven en palafitos sobre el mar; ahí, el agua es cristalina y perfecta para tomar fotos.

En 2013, organizamos dos viajes para documentar a los cocodrilos, y lo más interesante fue el factor empírico; el no saber cómo actuar frente a los reptiles, o cómo iban a reaccionar ellos ante nuestra presencia. Fue muy interesante aprender de primera mano sobre su comportamiento territorial, y cómo son mucho más dóciles de lo que uno pensaría. Hace dos semanas tuve la oportunidad de regresar con una producción de GoPro, y a este segundo viaje al que llegué con más confianza sirvió para recordarme que, al final del día, son depredadores, y que al momento que se dan cuenta que tienen ventaja, no van a dudar en aprovechar esos momentos de vulnerabilidad de su presa.

 

3. Baitball y móbulas. Bahía Magdalena, Baja California Sur 2013

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En nuestro documental, México pelágico, Yuca dice que lo que más le gusta del mar es que siempre te va a tener una sorpresa, y es cierto. Durante este viaje, en noviembre de 2013, íbamos buscando tiburones; nunca les vimos ni el polvo, pero ciertamente el mar nos tenía no una, sino dos sorpresas. Apenas saliendo, a unas 3 millas de la boca de la bahía, vimos pájaros sobrevolando una zona en círculos, que siempre es buena señal, y clavándose en el agua para pescar, mejor señal aún. Como siempre hacemos, nos paramos a investigar, y nos encontramos con un baitball de sardinas, es decir, un gran cardumen compactado en la superficie que normalmente se encuentra entre la espada y la pared: pájaros desde arriba, y algún o algunos depredadores marinos desde abajo. En este caso, eran dos lobos marinos, una hembra y un macho, comiendo de un baitball gigantesco, con dorados visitando ocasionalmente. Nuestra acción de entrar y salir del baitball, hizo que este se separara y que las sardinas buscaran refugiarse en nosotros. Estoy seguro que de no haberlo roto, se hubieran acercado cosas más interesantes como marlins o tiburones. Aun así, fue uno de mis mejores encuentros en el mar, y de los más inesperados. El mismo día, nos encontramos con una escuela de más de 500 móbulas corriendo a toda velocidad a 20 m de profundidad.

 

2. Gran tiburón blanco. Isla Guadalupe, Baja California. 2012

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El más temido, y a la vez el más incomprendido del mar. En 2012, tuvimos la oportunidad de ir a Isla Guadalupe, el mejor lugar para ver tiburón blanco en el mundo, con un capitán-pirata bastante loco que nos permitió salirnos de las prácticas estándar que establece el plan de manejo de la isla. Nuestra intención era grabar el comportamiento real de este gran depredador lejos del amarillismo con el que son retratados normalmente en los medios. Estar fuera de una jaula entre 6 tiburones blancos nadando a mi alrededor, es una lección de humildad, donde uno de los mayores depredadores del océano, consciente de tu presencia, y que podría hacer lo que quisiera contigo, simplemente nada con respeto junto a ti.

 

1. Ballena gris. Bahía Magdalena, Baja California Sur. 2012

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La ballena gris realiza todos los años la migración más larga registrada en el reino animal. Bajan al sur desde el ártico a reproducirse y a dar a luz en tres bahías, todas en México, y todas en Baja California Sur: Ojo de Liebre, San Ignacio, y Magdalena; para posteriormente regresar al Polo Norte para alimentarse y prepararse para repetir el mismo recorrido al año siguiente. Estos mamíferos llegan a medir 15 m y vivir hasta 70 años, pero la pesca comercial durante la segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX casi extermina la población entera del Pacífico Este que, sin embargo, logró recuperarse. La población occidental no corrió con la misma suerte.

Esta especie era conocida entre balleneros como “Devil Fish” por su comportamiento agresivo cuando las cazaban, y con ninguna especie morían más balleneros durante su trabajo, como con la ballena gris.

Es impresionante cómo, después de casi 100 años que los humanos las acorralamos en estas bahías en un baño de sangre (la laguna Ojo de Liebre recibe este nombre porque se teñía de rojo cuando las ballenas eran cazadas, como el ojo de una liebre), hoy su comportamiento hacia nosotros ha cambiado drásticamente en su acercamiento a las embarcaciones y a la gente, siendo uno de los encuentros con vida salvaje más amigables en el mundo. A pesar de esto, son animales muy nerviosos cuando hay gente en el agua, y su instinto y reacción es la de irse al momento.

Este encuentro en particular sucedió en agosto, regresando de una expedición nocturna de 10 horas en pequeñas pangas pesqueras yendo contra el viento. Normalmente, las ballenas grises regresan al Ártico en marzo, pero esta madre y su cría por alguna razón no lograron emprender el viaje, volviéndose habitantes permanentes de la bahía durante ese año.

Regresando del viaje que emprendimos en la madrugada, decidí intentar fotografiar estas ballenas durante más de dos horas en agua muy fría, a menos de 16o C. El que persevera alcanza, y a pesar de no ser las mejores fotos, tienen mucho valor para mí por lo que representan, y por mi fascinación hacia esta especie en general, con una historia interesantísima detrás, y rodeada de mitos y leyendas.

Volviendo a este último fin de semana, decidí salir a la isla Espíritu Santo y visitar los islotes que se encuentran en la punta norte, donde la colonia de lobos marinos más amigable del mundo siempre te espera con aletas abiertas. Esta colonia de lobos está tan acostumbrada al contacto con personas, que son juguetones en exceso, y la isla, dentro de las aguas tranquilas que ofrece la protección del Mar de Cortés, siempre garantiza buen clima.

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El plan perfecto para garantizar un gran encuentro en el mar, ¿cierto? Little did I know que el huracán Javier entraría un día antes de lo pronosticado a la zona de La Paz, casi impidiendo nuestra salida, y empujando a los lobos fuera del agua con lluvia, viento, y un oleaje razonablemente fuerte.

Creo que la conclusión de todo esto, es que there’s no such thing as a free lunch, así que, si no te gusta salir de tu zona de confort, si no eres paciente o te frustras fácilmente, si quieres un encuentro garantizado, no salgas al mar. Pero si estás dispuesto a pasar muchas horas bajo el sol, disfrutando de la inmensidad del azul, a cambio de unos minutos de un encuentro salvaje que se puede convertir en la mejor experiencia de tu vida, ¿qué esperas? El mar abierto mexicano es como el Serengueti africano debajo del agua; consigue unas aletas, un snorkel y una máscara, conoce a los pescadores, déjate hipnotizar por sus historias, y sal al mar. Échate un clavado.