Biennale di Venezia, lo más selecto en arte

Bienal de Venecia: arte y reflexión

Biennale di Venezia, lo más selecto en arte - PORTADA_hotbook_hotculture_hotart_labienalledivenezia_bienalle_pabellón de Lituania • Leon de Oro

May you live in interesting times. Así se titula la muestra de arte contemporáneo que se exhibe en Venecia desde mayo hasta noviembre, y que analiza la idea de los tiempos difíciles en que vivimos, mientras que invita tanto a artistas como a espectadores a ver siempre el curso de los eventos humanos en su complejidad.

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Foto: Cortesía

Visitar esta exposición es, sin ninguna duda, la mejor manera de tomar el pulso del arte contemporáneo en todo el mundo. Crea espacios que son un terreno fértil para que los artistas aborden el estado actual de sus países y del mundo en general. En su edición número 58 destaca el enfoque general para hacer que el arte tenga una función social, al abarcar tanto el placer como el pensamiento crítico. Nos invita a considerar múltiples alternativas y puntos de vista desconocidos, y a discernir las formas en que el orden se ha convertido en la presencia simultánea de diversos órdenes.

Quienes han visitado alguna Bienal han experimentado siempre tres fases. Primero, la desorientación inevitable, luego la implicación, seguida por el descubrimiento. Se cierra así el ciclo de una inmersión absoluta en el mejor arte del mundo.

Aquí se intersectan de muchas formas el hype de eventos como Art Basel con lo interesante y refinado de la sensibilidad artística europea. Venecia se inunda de ojos desesperados por saber qué programas se deben priorizar, convirtiendo el buzz en la monda del éxito. A continuación, te presentamos nuestro itinerario, depurado de falsedades y publicidad. Lo mejor y más puro de los últimos dos años del arte contemporáneo, en la ciudad más mágica del mundo.

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Día 1 – I Giardini

No hay mejor abrebocas para la Bienal que comenzar por los Giardini. La naturaleza del lugar combinada con arquitectura moderna dan cita a un espectáculo dedicado a pabellones de distintos países.

29 naciones tienen casas en donde cada dos años exhiben artistas autóctonos, creando una sensación completamente única para los espectadores. En un mismo día podrás transportarte por el mejor arte del mundo entero, experimentando de primera mano tanto las diferencias como las similitudes entre propuestas que demuestran que cada cultura tiene un discurso particular, y a la vez, todo se interconecta por tendencias y movimientos globales.

Al atravesar estos jardines, entrarás en el Epcot del arte, con decenas de opciones para visitar. Esta edición pareció una contra- posición a la Biennale pasada, en donde todo era gigante y abrumador. Sin duda, una tendencia mundial fue acercarse más a la simplicidad, utilizando el video como medio principal. Entre este aparente minimalismo, destacan los siguiente pabellones.

Israel. Field Hospital X es una institución internacional e itinerante que investiga cómo el arte puede reaccionar y actuar frente a los males sociales. Al entrar al pabellón, debes tomar un turno y esperar (pacientemente) a que te inviten a pasar a unas cámaras herméticas, en donde una voz te pide que grites tres veces, con toda tu fuerza. Luego de ahí, pasas a unas camas de dentista en donde ves un video, que varía dependiendo del tema que escojas. Al estar dentro de un hospital viendo problemas de otras personas, la artista Aya Ben Ron busca darle luz a voces silenciadas e historias de maltratos sufridos.

Francia. Laure Prouvost estuvo muy cerca de recibir el premio al mejor pabellón de la Bienal, con un proyecto que gira en torno a tres temas principales. Una reflexión que rodea los conceptos de generaciones e identidades, lo que nos une o nos aleja a unos de otros. Luego viene la idea de desconexión, incomprensión y discrepancia, mediante una exploración del lenguaje y su apropiación, o apropiación indebida. Finalmente, teñido de utopía y surrealismo, un viaje escapista, tanto tangible como imaginario, hacia un ideal en otro lugar. La exposición desafía la idea de la representación de un mundo fluido y globalizado, hecho de intercambios, conectividad y discrepancias. Todo se desarrolla alrededor del concepto del agua en una sala ilusoriamente submarina que culmina en un splash al salir del pabellón.

Corea. Como era de esperar, el país asiático nos vuelve a sorprender, esta vez con obras de tres mujeres que investigan con un enfoque crítico las condiciones presentes y pasadas que enmarcan la modernización de Asia Oriental. Saturada con experiencias de sonidos, ritmos, ondas, series de imágenes dispersas y movimientos corporales, la exposición construye una narrativa a través de la noción de queering y su estética. Aquí los velados, los olvidados, los exiliados, los condenados y los silenciados murmuran, cantan, lloran, se detienen, se ríen, se expresan, se mueven y bailan, y finalmente, dicen en voz alta: History Has Failed Us, But No Matter.

Brasil. Swinguerra, el pegajoso ritmo callejero brasileño, es el protagonista de este espacio ambiguo donde se mezclan dimensiones ficticias y documentales, creando un tercer territorio del lenguaje. Su título incluye la palabra portuguesa “guerra”, que refleja los conflictos en el corazón de esas competencias de baile y las vidas de los bailarines. Muestra su increíble dedicación, atletismo y sincronía, mientras ensayan y escenifican actuaciones elaboradas. Su pasión y energía son contagiosas, pero también son una manifestación de la opresión que experimentan. La pieza se enfoca en las poderosas expresiones de la cultura popular del Brasil contemporáneo y su compleja relación con las tradiciones internacionales y locales.

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Suiza. En una era de retiradas masivas, la exposición explora las prácticas de resistencia que combinan técnicas de guerrilla, coreografía posmoderna y danza urbana, así como elementos de la cultura underground queer. En el entorno de un antro abstracto, la experiencia sensorial se complementa con un momento de reflexión sobre estas reacciones violentas, con cartas escritas al público por artistas.

Australia. Una película de tres canales juega alrededor de un mini anfiteatro con alfombra roja, donde podrás sentarte a disfrutar este análisis a través de la música que aborda el agitado estado de las democracias a nivel mundial, en particular, la cacofonía de voces y puntos de vista en conflicto. Filmada en las cámaras del Senado de Italia y Australia, la obra fomenta la escucha y la armonía, por medio de la sintonía con las formas en que nos comunicamos. Además, el pabellón es en sí mismo un sitio de democracia y comunidad.

Polonia. Roman Stanczak cortó un avión por la mitad y lo reconstruyó de adentro hacia afuera, como una forma de encontrar un significado y como ejercicio espiritual para llegar a un acuerdo con la muerte. El artista lo considera un medio para buscar esperanza, enseñando a otros nuevos modos de ver. La pieza habla específicamente de los conflictos en la sociedad polaca, particularmente su régimen capitalista. Al desarmar un avión privado, un símbolo de riqueza, el artista hace una crítica cortante del régimen capita- lista de Polonia. Pero a nivel universal, habla de casos globales de desigualdad económica y social.

Al terminar de ver los pabellones, recomendamos ampliamente ir a la exposición central y disfrutar de obras de artistas como George Condo, Ryoji Ikeda, Henry Taylor, Sun Yuan y Teresa Margolles, artista mexicana que tuvo gran protagonismo en esta edición con sus obras que reclaman la terrible inseguridad que se vive en el norte del país.

Recomendamos que el recorrido se haga en un día soleado, para cerrar el banquete de arte en el nuevo Riva Lounge, ubicado dentro del hotel Gritti Palace, con una vista inigualable sobre el Gran Canal. Si quieres probar auténtica cocina veneciana en un ambiente relajado, tu lugar es el restaurant Antiche Carampane.

Día 2 – Arsenale

Después de haber terminado con los Giardini, es momento de descubrir el maravilloso Arsenale, base naval de la ciudad que alberga la exposición principal y una serie de pabellones que no se dan a basto en los Giardini.

Obras inmensas que te llevan bajo tierra en cuanto a emociones, otras que generan euforia y muchas que te dejarán desesperado por el estado del mundo que reflejan. Hablamos, por supuesto, de la gran cantidad de obras de arte que se exhiben en esa grandiosa celebración de la creatividad humana, dentro de la nave principal del Arsenale. A continuación, nuestros picks favoritos.

Ed Atkins – Old Food

Los videos de Ed Atkins van a la perfección con la temática de la exposición. Utilizan- do sus famosos avatares y reflexionando acerca de la parte obscura de la humanidad, el artista abre un diálogo dramático y fluido acerca del sub- consciente humano a través de
herramientas digitales. En las pantallas te sacudirán animaciones del artista a diferentes edades en un llanto desconsolado entre disfraces viejos de la Deutsche Oper.

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Christian Marclay – 48 War Movies

Sentirás que estás desapareciendo en un torbellino de conversaciones descabelladas, que la vida es capa tras capa de ruido ineludible. En una sola pantalla de video, el artista logra ingeniosamente incrustar, en cuadros concéntricos, 48 películas de guerra que se transmiten simultáneamente. Este nido apretado de rectángulos de buzones ilegibles, que se estremecen con astillas incoherentes de heroísmo y trauma, villanía y valor, es a la vez fascinante y repugnante para los sentidos.

Pabellón de Turquía – We, Elsewhere

Otro pabellón que nos obliga a interactuar con la pieza gracias a su compleja arquitectura. Inci Eviner alberga, esconde y resalta múltiples elementos, desde proyecciones de películas y sonidos provenientes de parrillas en el piso, hasta barandillas de acero, sillas cortadas, dibujos y una cama aparentemente desgarrada. Todo esto ejemplificando el desplazamiento colectivo experimentado por los individuos en los espacios creados por y para ellos.

Pabellón de Ghana – Ghana Freedom

El primer pabellón nacional de Ghana fue un éxito rotundo. La estructura de barro está inspirada en edificios del oeste de África y hecha de tierra enviada desde Ghana. Sus formas elípticas y entrelazadas dan a cada uno de los tres artistas participantes, todos de ascendencia ghanesa, un espacio individual, mientras que las formas orgánicas establecen vínculos entre ellos. El resultado: una conmovedora instalación colectiva, en referencia a una canción de E. T. Mensah en vísperas de la independencia del país en 1957. Es, además, un tributo triunfante a las profundas raíces culturales del país y a la normalización de los cuerpos de color.

Pabellón de Arabia Saudita – After Illusion

La instalación evoca la lucha por regresar a casa después de una larga ausencia. Invita a la exploración de algo nuevo, pero de una forma familiar reconocida de tiempos pasados. Se convierte también en el medio para reflexionar sobre la historia de Arabia Saudita y su identidad, a través de recorridos con objetos elaborados a mano, que parecen pertenecer a una cocina, acompañado de sonidos típicos de la casa don- de todos crecimos.

Al terminar de experimentar las fuertes sensaciones que provocará en ti esta miríada de obras, pasa al rooftop del hotel Danieli por un Aperol Spritz. Conversando podrás descubrir la forma tan distinta en que cada uno de tus acompañantes asimilaron cada pieza. De allí, el restaurante Al Covo será el mejor lugar para terminar lo que fácilmente podrá ser uno de los días más memorables de tu vida.

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Día 3 – Giudecca & Dorsoduro

Comienza el día acercándote a la in- creíble isla de San Giorgio Maggiore, en donde el artista Sean Scully transforma la iglesia benedictina y sus jardines adyacentes en una meditación visual y espiritual sobre la condición humana. Al entrar a la iglesia, te encontrarás con una gigantesca escultura de 10 metros, ‘opulenta ascensión’, elaborada con el singular vocabulario de rayas horizontales y verticales de Scully. Estar frente a esta obra contemporánea en un entorno religioso, y poder ver la Piazza San Marco desde lo lejos, es realmente mágico.

Para cruzar a la Giudecca toma un taxi acuático que te deje cerca de la iglesia Redentore. De allí, camina pocos minutos hasta llegar al pabellón de Estonia, una instalación inmersiva que se refiere al nacimiento y a la vida, acompañada de sonidos grabados en Venecia.

Una caminata por la Fondamenta San Giacomo te dará la misma sensación de estar en Brooklyn viendo hacia Manhattan: paz, apreciación y muchas ganas de volver pronto. En el camino hacia el pabellón de Islandia asegúrate de parar en Majer y probar su increíble pasticceria. Una vez en tu destino, adéntrate en la caverna de colores neón elaborada con textiles. A través de ella, la artista Shoplifter invita a un retorno a la naturaleza, abordando la creciente necesidad en este sentido de sociedad contemporánea abrumada por temas artificiales. Una verdadera inmersión de opulencia cromática.

Luego de haber visto estas tres exposiciones es hora de digerirlas, y no hay mejor forma de hacerlo que tomando un peach Bellini, acompañado de unos tagliolini gratinati al prosciutto en cualquiera de las dos locaciones increíbles de Cipriani en la isla: en la terraza del hotel Belmond Cipriani o en la de Harry’s Dolci, ambas con vistas espectaculares a la ciudad.

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Después de una comida top, es hora de cruzar de nuevo en barco hacia el Dorsoduro, precisamente a la Chiesa di Santa Maria della Visitazione, donde verás The Death of James Lee Byars. Este espectáculo permite al público reconectarse con una de las instalaciones más icónicas del artista, que consiste en un cubo de hojas de oro y cristal con la tumba del artista. Una conversación existencial sobre mortalidad y misticismo. A menos de un minuto está Nico, una legendaria heladería que no te puedes perder.

Si aún tienes energía, puedes pasar a la Galleria dell’Academia a ver la muestra de Georg Baselitz, organizada con el apoyo de Gagosian. O al Palazzo Franchetti, a disfrutar de su vista y de las obras de Jean Dubuffet. De las pocas exhibiciones de arte moderno que vale la pena ver en esta bienal.

Un día tan perfecto debe culminar en Da Ivo, un acogedor restaurante de comida casera italiana, favorito de George Clooney y otros artistas. Seguido quizá de más bellinis en el Bar Dandolo.

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Foto: Cortesía

Día 4 – Eventos colaterales

Para el cuarto día es ideal rentar un taxi acuático que te permita recorrer los últimos lugares más recomendados, ya que están bastante alejados unos de otros.

Comienza por el ganador del León de Oro al mejor pabellón de la Biennale, la obra Sun&Sea (Marina) que representa a Lituania. A la fecha es la obra más conmovedora que hemos visto, después de haber visitado muchas ediciones de la Biennale.

Está montada en un particular espacio perteneciente a la Marina Militar, donde recrearon una playa que los espectadores contemplamos desde arriba, creando un importante momento de reflexión y empatía hacia los bañistas en la playa. Todos los actores son cantantes de ópera, y se turnan melodías de monólogos que nos hacen ver la irrelevancia de nuestra existencia, además de tocar temas como la seria amenaza que representa el daño que le estamos haciendo a nuestro planeta.

Atraviesa en lancha los canales hasta el Baccino di San Marco y aprecia la vista desde el este de la ciudad, en dirección hacia Punta della Dogana, el impresionante museo de la Colección Pinault. Allí visita la exposición Luogo e Segni, que te recibirá con una cortina elaborada por el
aclamado artista Félix González Torres, para luego darte dosis de serenidad con los círculos de vidrio fundido de Roni Horn y sacudirte con el video de Philippe Parreno en el Waldorf Astoria. Posteriormente, camina hasta el Museo Guggenheim y disfruta de vistas impresionantes dentro del recorrido artístico.

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Continúa subiendo por el Gran Canal y pasando por el puente Rialto, para en el Ca’ d’Oro, en donde el Carpenters Workshop Gallery tiene una exposición inmersiva de diseño coleccionable. Se generan diálogos entre la impresionante arquitectura de Ca’d’Oro, su colección de maestros italianos y flamencos e instalaciones contemporáneas, que buscan romper los límites entre el arte, la arquitectura y el diseño.

Es momento de culminar el recorrido en el palacio de la Fondazione Prada y su exposición de Jannis Kounellis, una mirada a la dialéctica entre la ligereza, la inestabilidad y la naturaleza temporal relacionada con la fragilidad del elemento orgánico y la pesadez, la permanencia, la artificialidad y la rigidez de las estructuras industriales. El artista allanó el camino hacia el Arte Povera, siendo así un elemento perfecto para cerrar unos días cargados de contemporaneidad.

 

Texto por: MYRTHA HERRERA ALMANZA Y MARIA TERESA CARMONA ARISTEGUIETA
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Fotos cortesía de La Biennale di Venezia