Lo más reciente

Emiliano Monge y la narrativa literaria sobre la violencia en México

La literatura mexicana está viviendo tiempos muy valiosos, desde el boom (aquel fenómeno editorial de la década de los sesenta y setenta en América Latina, cuando mucha obra literaria fue abundantemente distribuida por todo el mundo) no ha habido tantos escritoras y escritores siendo traducidos y publicados en otros idiomas.

Emiliano Monge (México, 1978), escritor y politólogo por la UNAM, es parte de esta generación que trasciende a través de los temas que eligen y que son fundamentales para el entendimiento que debería tener cualquier lector sobre la coyuntura política y de violencia en México. La narrativa de Monge es abordada sin pudor, con ritmos muy cuidados y acertados, que le han valido varios premios como el IX Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska por Las tierras arrasadas (Penguin Random House), su tercera novela publicada.

El año pasado fue seleccionado como uno de los 25 escritores más importantes de América Latina por la Feria Internacional del Libro de Guadalajara y Conaculta; el Hay Festival y el British Council lo eligieron como uno de los 20 escritores mexicanos más importantes. Este año, Monge figuró como uno de los 39 escritores menores de cuarenta años más importantes de Latinoamé- rica en Bogotá39. A principios de 2017, publicó La superfcie más honda (Penguin Random House) su segundo libro de cuentos.

“Siempre digo que mi generación está en un momento increíble por dos razones fundamentales: somos las primera generación en México que rompe con el tema del género, ahora hay tantas escritoras como escritores. Si uno piensa en los autores de los setenta o los ochenta es muy fácil decir nombres de escritoras, eso no pasaba antes. Otro asunto es que se rompieron los regionalismos, ya no tienen que venir escritores de otros estados a vivir a la Ciudad de México para poder tener éxito, ser leídos y publicados. El contexto de la primicia del centro y de lo masculino se ha roto, lo que ha sido muy bueno para la literatura mexicana, ya que se ha ampliado el espectro de las premisas, las formas, las estrategias literarias y nos ha dado como resultado una generación amplia con muchísima gente escribiendo muy bien”.

Así abrió la conversación Emiliano Monge, muy cerca del Centro de Coyoacán, en su estudio, donde trabaja entre docenas de libros y cuatro perros que pareciera que jamás se le separan.

“SIEMPRE DIGO QUE MI GENERACIÓN ESTÁ EN UN MOMENTO INCREÍBLE POR DOS RAZONES FUNDAMENTALES: SOMOS LAS PRIMERA GENERACIÓN EN MÉXICO QUE ROMPE CON EL TEMA DEL GÉNERO, AHORA HAY TANTAS ESCRITORAS COMO ESCRITORES. SI UNO PIENSA EN LOS AUTORES DE LOS SETENTA O LOS OCHENTA ES MUY FÁCIL DECIR NOMBRES DE ESCRITORAS, ESO NO PASABA ANTES. OTRO ASUNTO ES QUE SE ROMPIERON LOS REGIONALISMOS, YA NO TIENEN QUE VENIR ESCRITORES DE OTROS ESTADOS A VIVIR A LA CIUDAD DE MÉXICO PARA PODER TENER ÉXITO, SER LEÍDOS Y PUBLICADOS.

¿Cómo decides el tema que tocará una novela?

En cada novela me ha pasado diferente, a veces es una frase, otras es una idea. Lo primero que aparece es la obsesión con un tema y tratar de buscarle a ese tema una manera de convertirlo en novela. En Las tierras arrasadas era la obsesión con la migración, en El cielo árido era la idea de poder convertir a un personaje en la metáfora de un siglo de violencia en México, y en Morirse de memoria, que es mi primera novela, fue un ejercicio de psicología propia mezclada con temores a la pérdida.

En Las tierras arrasadas logras que uno pierda el juicio hacia los criminales ¿qué opinas de esto?

Este era uno de los objetivos que tenía cuando empecé a escribir esa novela: no quería que hubiera ningún juicio de valor de parte del narrador. Yo creo que la literatura sirve para mostrar empatía y creo que la empatía es la puerta de entrada al camino que nos lleva de salida a las sociedades de la violencia; creo que esa empatía se establece única y exclusivamente con las víctimas. Y es tan importante ser empático con la víctima como ser empático con el victimario; hay que ponernos en ambos lugares para entender la complejidad de una realidad como la que está viviendo este país ahora. En ese sentido, la idea es que los victimarios, como las víctimas, aman, desean, odian de maneras muy similares.

Tu último libro de cuentos, La superfcie más honda, también trata sobre la violencia, pero la aproximación es distinta.

En los últimos tres libros he trabajado con la violencia como el material principal. Sin embargo, es cierto, la forma de aproximarme a ella ha sido distinta. En El cielo árido el personaje principal era la violencia; en Las tierras arrasadas era el origen y el destino de los personajes; y en los cuentos, la violencia es menos directa, está ahí, en cada narración, pero nunca la vemos de frente, la violencia es el escenario, el lugar donde transcurre cada uno de los cuentos. Las historias pueden no ser violentas, pero están atrapadas y asfixiadas, enmarcadas por un ambiente excesivamente violento, que es lo que creo que nos está pasando en México: esa violencia que de pronto ocurre de la nada e irrumpe en una vida; y además la violencia de los cuentos, a diferencia de las novelas, es política y social, pero no es la violencia que copa las primeras planas de los periódicos y los noticieros, no es el narcotráfico o el crimen organizando, son violencias más profundas que generan las demás violencias. Se nos olvida que la violencia principal es la desigualdad y la pobreza, y esa violencia está en el corazón de La superficie más honda.

¿Qué otro tipo de temas te gustaría tratar?

Ahora estoy escribiendo sobre la violencia masculina, sobre la necesidad que tienen los personajes de hacer punto y aparte en la vida para seguir adelante: cortes abruptos, huidas, fugas. Estoy escribiendo sobre eso, sobre la fuga. Hace dos años no tenía idea de que iba a escribir sobre la fuga, sé que me estoy alejando de la violencia social, aunque tampoco sé si vaya a volver a ella. No cierro ningún tema ni estoy casado con ninguno.

¿Qué significan para ti los premios en la literatura?

Siempre he creído que los premios son una cuestión de azar. Los premios que yo he recibido pudieron haberlos recibido otras novelas del mismo periodo o del mismo concurso fácilmente. Es como las listas que hacen de “los diez escritores” y al día siguiente puedes hacer una lista con 10 escritores que sea igual de buena, interesante, única y subjetiva. Los premios también son subjetivos, dependen de un número exclusivo de jurado que son los que decidieron que tu novela era mejor que otra. Si el jurado hubiera sido distinto a lo mejor ni ganabas. En ese sentido, no le doy la importancia. Lo que sí creo, es que funcionan muy bien porque le dan una segunda vida a la novela, en este mercado donde los libros duran tan poco en las librerías por la cantidad de novedades que se publican cada mes, cuando le dan un premio a una novela significa una segunda oportunidad para que la obra esté de nuevo en las librerías, que llegue a más lectores, extiende su vida.

¿Cambia tu relación entre una novela que ha recibido un premio y una que no?

No. Me relaciono exactamente igual con cualquiera de mis novelas: trato de olvidarlas por completo cuando las termino. Nunca he leído una novela mía después de impresa porque si no, no podría continuar con la siguiente.

¿Qué opinas de la FIL en relación a otras Ferias del Libro alrededor del mundo?

La Feria del Libro de Guadalajara es sin duda la feria literaria más importante de habla hispana en el mundo. Una de las cosas más valiosas que tiene es que sacó a la feria de su recinto y la llevó a los pueblos con un programa que se llama Ecos de la FIL y eso me parece valiosísimo. También me parece excelente que mezcla muy bien el trabajo de profesionales con las presentaciones al público en general, y que es de algún modo una fiesta necesaria para los libros en México.

En este momento ¿cuáles son tus cinco autores de referencia?

Esa respuesta está cambiando constantemente, pero en este preciso momento, escogería a Juan Rulfo, Emmanuel Bove, Jesús Gardea, James Joyce y Julio Ramón Ribeyro.

Para una persona que empieza a leer ¿por cuáles libros le recomendarías empezar?

Depende del momento de la vida en el que esté esa persona. Yo creo que el mejor momento es la adolescencia, y creo que no hay equivocación si uno empieza con Lovecraft o con Edgar Allan Poe.

¿Cuáles son cinco libros imperdibles para Emiliano Monge?

El Ulises de Joyce, Pedro Páramo de Rulfo, La tentación del fracaso de Ribeyro, Mis amigos de Emmanuel Bove y Los viernes de Lautaro de Gardea.

¿Si no estuvieras escribiendo que estarías haciendo?

Me gustaría ser editor, me gustaría sobre todo ser lector y si no pudiera hacer nada relacionado con los libros, quizás me gustaría hacer teatro o cine.

Texto por: PAULA GARCÍA MARTÍNEZ PARENTE

(Ciudad de México, 1988) Inició sus estudios universitarios en The London School of Speech and Drama y Central Saint Martins; seguidos por la carrera de Dirección Cinematográfca y Guión Cinematográfco en el Centro de Estudios Cinematográfcos de Cataluña en Barcelona y Escritura Creativa en el Centro Cívico Pati Llimona de Cataluña. Hoy reside en la Ciudad de México, edita su novela y colabora para diferentes revistas. Edita su primera novela y es co-fundadora de la revista Mi Valedor.