1966 SKELETON

Con más de dos siglos de experiencia, la relojera suiza Girard- Perregaux nunca defrauda a los conocedores de la relojería. En esta ocasión, a manera de oda a la mecánica más fina, esta prestigiosa marca presenta el Girard-Perregaux 1966 Skeleton. Su nombre hace alusión a la impresión a la vista que da la profundidad del corazón del impactante calibre automático, que asombra con la decoración hecha a mano, mostrada de una manera única y contemporánea.

Los diseños de la empresa, que lleva los nombres del relojero Constant Girard, quien contrajo matrimonio con Marie Perregaux, siempre han sido reconocidos por su evidente sensibilidad estética en la manufactura, el virtuosismo de sus artesanos y relojeros, y además, el dominio total en el arte de finalizar y decorar los movimientos. En este caso, el Girard-Perregaux 1966 Skeleton en 38 mm, es el perfecto ejemplo de lo que esta empresa lleva produciendo por tantos años.

En este viaje al corazón del laberinto mecánico se encontrará con 173 componentes, incluidos 25 rubíes. Es importante mencionar que en la dirección de las 10, se observará el mecanismo de la rueda de segundos. Igualmente, será cautivado por las oscilaciones rápidas del órgano de regulación, en el cual destaca la inercia Microvar, que pulsa en 4 Hz (28,800 vibraciones por hora).

Para realzar los 13 ligne del calibre dentro de los 38 mm del diámetro de la caja de 18 quilates de oro rosa, Girard-Perregaux decidió esqueletizar la masa oscilante, visible a través del fondo de cristal de zafiro y manufacturada en oro. Mostrando un equilibrio perfecto, su rotor asegura la cuerda óptima del barrilete, destinado a garantizar una autonomía de más de 54 horas.

Además, este diseño milimétrico logra poner en escena engranajes (tratados con rodio), levas, clavijas y otros componentes por lo general invisibles. Así mismo, debido a la estructura abierta del gran 1966, se puede contemplar puentes y platinas. Su experiencia en el mundo de la relojería queda claramente demostrado por el hecho de replantear los límites estructurales del material y darle un carácter de esqueleto, agujas en forma de hoja y la rueda de balance colocada a las 12.

Como toque final, esta pieza se complementa con una pulsera negra de cocodrilo, sujetada por un cierre de oro rosa.

No hay mejor manera de celebrar el 225 aniversario de esta prestigiosa marca iniciada por Francois-Bautte en el siglo XVIII, que apreciando una de sus más grandes creaciones, epítome de la experiencia, la elegancia y la tradición.

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