Karnataka: santuarios naturales, delirios de grandeza y contrastes urbanos

Karnataka, en el sur de la India, es un lugar exótico que destaca por sus santuarios naturales

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En su parte más estrecha, el subcontinente indio no presume ríos famosos por sus cremaciones, desiertos agrestes regidos por marajás ni industrias cinematográficas devotas del baile. Mucho menos, mausoleos de mármol épicos por su grandeza. Por esa razón, erróneamente, el Indostán tropical es conocido por no serlo. A cambio de renunciar a postales vistas y a prejuicios vacíos, Karnataka sorprende a las visitas con túneles donde moran los dioses, palacios peleados con la discreción y bestias desinhibidas acostumbradas a posar para las cámaras.

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Foto: Marck Gutt

El estado más extenso del sur de la India figura en los mapas por su apuesta emprendedora antes que por sus tesoros culturales. Pese a sus derroches de verdor, templos centenarios y dinastías ostentosas, la región brilla por su ausencia en contextos internacionales de turismo. Si acaso se puede hablar de un boom estatal reciente, la culpa es de las nuevas tecnologías. En la última década, la gran ciudad de Bengaluru cambió su fama de paraíso de jubilación por el título nacional de meca tecnológica.

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Foto: Marck Gutt

En la capital estatal no son raros los espacios de coworking ni las discusiones humanas en lenguaje de programación robótica. La combinación de mano de obra barata, clima idílico y beneficios fiscales, hicieron de la ciudad un imán para atraer desarrolladores de software. Hoy, Bengaluru es uno de los IT hubs más importantes del mundo. Por suerte, el Silicon Valley de la India ofrece más que aplicaciones móviles vanguardistas. Y la verdadera riqueza de Karnataka, con una superficie similar a la de Hungría y la de Portugal juntos, poco tiene que ver con megabytes y megaurbes.

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Foto: Marck Gutt

Lejos del tumulto citadino, la ruralidad esconde postales que apenas se entienden con la modernidad. Colinas vigiladas por toros sagrados, residencias reales presumidas y ríos que no se cansan de formar cascadas, son algunos de los secretos que la geografía resguarda con recelo. Como suele suceder en India, desenredar caminos es toda una odisea. Y como suele suceder en el hemisferio norte, las bondades sureñas todo lo complican. Eso sí, el sacrificio se recompensa con pájaros de colores imposibles, rituales inmunes al paso del tiempo y postales tan exuberantes como el trópico.

¡OH KANNADA!

No nos confundamos. Este título, aunque sugiere lo contrario, nada tiene que ver con ortografías modernillas ni con el país de la hoja de maple. Kannada es el nombre de la lengua local de Karnataka. Aunque son cerca de 40 millones de hablantes los que dominan el idioma, en la capital temen por su extinción. Con las promesas del desarrollo tecnológico, Bengaluru se ha convertido en una ciudad de migrantes. Las calles de la capital, como nunca, se han acostumbrado a idiomas lejanos, platillos foráneos y modas nuevas.

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Foto: Marck Gutt

En el sincretismo cultural, probablemente, radica la única semejanza de Karnataka con Canadá. Por lo demás, esta es una ciudad donde las plantas devoran edificios, los dioses se esconden en el subsuelo y los festines se sirven en la vía pública. Una vuelta por Commercial Street, donde coexisten sastrerías tradicionales, marcas de renombre y puestos de elotes callejeros, basta para entender que aquí los encantos del subdesarrollo no dejan espacio para la funcionalidad del primer mundo.

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Foto: Marck Gutt

Barrios como Shivajinagar, donde la modernidad se materializa con cafeterías de alquimia y hordas de logotipos conocidos, conviven con atractivos más tradicionales como plazas, templos y mercados. Un recorrido de dos o tres horas, siempre que se libre la hora del tráfico, es suficiente para echar ojo a los jardines botánicos de Lalbagh, la caverna sagrada Gavipuram y el templo del dios toro Nandi. Para mitigar antojos y sorprender a los locales acostumbrados a la paranoia blanca, vale la pena parar para tomar agua de coco recién partido y comer dosas callejeras. Las de la intersección de las calles Veera Pillai y Jewellers son míticas.

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Foto: Marck Gutt

Los festines improvisados y las muestras florales de Bangalore tienen lo suyo, pero cuando se trata de llamar la atención, el atractivo número uno es el palacio de la ciudad. Construido en la década de 1870, el edificio real resguarda vitrales importados, elevadores manuales y patas de elefante que sirven como bancos. En sus 35 habitaciones, convertidas en museo, se pueden ver candelabros, trofeos y derroches de influencia británica. Quizás, en demasía. El Palacio de Bangalore, si bien monumental, tiene un dejo caricaturesco que le ha valido el título de “el falso Windsor”. Para hablar de intimidación arquitectónica, pura y dura, hace falta viajar al sur.

NINGUNA MODESTIA

Resulta improbable pensar en personas que, de perdida por casualidad, no estén familiarizadas con el Taj Mahal. El mausoleo, considerado como una de las maravillas modernas, es tan famoso que su imagen ha terminado lo mismo en libros de historia que en tazos. Si bien se trata del monumento indio más popular, dos mil kilómetros más lejos un pa- lacio descaradamente presumido contiende por el puesto.

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Foto: Marck Gutt

Con más de dos millones y medio de visitas anuales, el Palacio Real de Mysuru se posiciona como el segundo atractivo más concurrido del país. Las razones, que no terminan de listarse en los pliegos de esta revista, contemplan desde domos de mármol y adornos de marfil hasta candelabros checos y tronos cubiertos en 80 kilos de oro. A cambio de recorrer los 150 kilómetros que separan Bangalore de Mysuru, la ciudad de los palacios seduce a las visitas con aires majestuosos y excesos varios.

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Foto: Marck Gutt

Techos altos pintados a mano, cabezas de elefante expuestas como trofeo y la colección de armas artesanales más numerosa de India, cohabitan la residencia más famosa de Mysuru. A diferencia de otros palacios, el de esta ciudad no se conforma con la condición de museo. La dinastía Wadiyar reside en una sección privada del monumento, aunque claro, eso no significa que sus miembros se dejen ver seguido. Para correr con mejor suerte, la alternativa es vi- sitar durante el festejo de Dasara, una celebración anual que contempla bailes folclóricos, batallas sangrientas y actos reales. Eso sí, con multitudes no aptas para todos. Si ya en un día corriente las personas desfilan por el palacio como ovejas en matadero, los diez días del festival Mysuru tienen fama de quedarse incluso sin aire.

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Foto: Marck Gutt

VERDE QUE TE QUIERO

Para los entes de turismo de India, Mysuru debe ser la joya de la corona del sur. Para los que confiamos en la grandeza de la naturaleza, el viaje a la ciudad de los palacios es solo el pretexto perfecto para abandonar las comodidades urbanas y dar oportunidad al verdor tropical. Con cerca del 8% de la fauna mundial, India es uno de los diecisiete países megadiversos. Y el título, si bien con la ayuda de los desiertos y las montañas del norte, se debe en parte considerable al sur.

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Foto: Marck Gutt

Aún sin querer, todo viaje carretero en Karnataka está expuesto a ríos impetuosos, junglas rebosadas y montañas tupidas. Queriendo, las sorpresas son tan monumentales como el desarrollo tecnológico y los salones de baile en sus ciudades. No muy lejos del palacio de Mysuru, para empezar, están las colinas de Chamundi. El lugar, conocido por su templo de mil escalones y su escultura del dios toro, está colmado de artesanos, delicias callejeras y changos que tienen fama de avispados. Y lo único más divino que la res, en la parte alta de la montaña, son las vistas que recuerdan la relativa pequeñez del palacio.

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Foto: Marck Gutt

A las afueras de Mysuru, apenas apartada del desarrollo urbano, descansa una reserva ecológica de verdor desbordado y nombre impronunciable. El santuario de Ranganathittu, 15 kilómetros al norte de la ciudad, presume tantos caracteres en su nombre como animales en su perímetro. Cocodrilos despavoridos, decenas de especies de pájaros y murciélagos del tamaño de un zorro, son algunos de los residentes locales con delirio de modelo. El río cautiva a las cámaras con un arsenal de aves que, en los meses de invierno, alcanza los 40 mil ejemplares. Con suerte, además de garzas y martines, se deja ver también alguna nutria.

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Foto: Marck Gutt

Más lejos, al borde de la carretera nacional que conecta a Bengaluru con Coimbatore, un par de cascadas llaman la atención. El desvío en la ruta es importante, pero la vista es señora recompensa. Una plataforma sencilla, sin nada más que barandales y cemento, sirve como mirador. Kaveri, el mismo río que llena de vida el santuario de pájaros, forma dos cortinas de agua de 75 metros cada una. Al atardecer, en compañía de macacos endémicos y cielos que se pintan de amarillo, los saltos de Barachukki y Gaganachukki ofrecen un estruendoso espectáculo natural. Y pensar que las visitas foráneas, cuando llegan a estos lares, lo que tienen en la cabeza son pagos wireless e interfaces intuitivas. Alguien, de favor, dígales que estas son las verdaderas experiencias del usuario.

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Foto: Marck Gutt

GUÍA DE KARNATAKA

CÓMO LLEGAR

Kempegowda, el aeropuerto internacional de Bengaluru, cuenta con vuelos directos a media decena de ciudades en Europa. Air France conecta la Ciudad de México y Karnataka con una sola escala en el aeropuerto Charles de Gaulle de París. airfrance.com

Visa

Los ciudadanos mexicanos necesitamos visa para viajar a la India. Por suerte, Bengaluru cuenta con uno de los 28 aeropuertos del país habilitados para recibir pasajeros con visa electrónica. La solicitud de visa digital se realiza en el portal oficial del Gobierno indio y requiere una fotografía digital en formato cuadrado. El procedimiento tiene un costo de 80 dólares más comisiones bancarias y el tiempo promedio de respuesta es de cuatro días. indianvisaonline.gov.in

DÓNDE DORMIR

The Leela Palace

Inspirado en la arquitectura del Palacio Real de Mysuru, este hotel cinco estrellas combina la calidez y el legado cultural del sur de la India con habitaciones de lujo, servicio de concierge personalizado y jardines que presumen su esencia tropical. El palacio, miembro del portafolio Preferred Hotels & Resorts, cuenta con spa, alberca al aire libre, centro comercial y cinco restaurantes. Jamavar, el restaurante insignia del hotel, se especializa en la cocina india que alguna vez fue solo apta para la realeza. El menú incluye platillos como langosta con tomate y chalote, y pierna de cordero marinada en especias y nuez moscada.

D. 23 Kodihalli, Old Airport Road Bengaluru
T. +91 (80) 2521 1234
theleela.com
preferredhotels.com

QUÉ VISITAR

Palacio de Bengaluru
D. Palace Grounds Inner Road

Palacio Real de Mysuru
D. Sayyaji Rao Road
T. +91 (82) 1242 1051
mysorepalace.gov.in

Santuario de Aves Ranganathittu
D. Ranganathittu Road Srirangapatna

Texto y fotos por: MARCK GUTT

Es vegetariano, procurador apasionado de la buena ortografía y viajero. Aunque sus papás le dijeron de chiquito que no era buena idea, también es conversador con extraños. Cuando sea grande quiere ser políglota y autosustentable, de los que crecen naranjas en su propio huerto, mientras colabora como fotógrafo y articulista en National Geographic Traveler y Aire, entre otras.

Instagram: @don.viajes