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Como dice la letra de aquel popular fado: “No volverás, Lisboa antigua y señorial, a ser morada feudal, a tu esplendor real…”, pero Lisboa ha vuelto y ¡está de moda! Así que no dejes pasar la oportunidad y aprovecha para conocer esta bella ciudad.

La capital de Portugal está ubicada en la amplia desembocadura del río Tajo al océano Atlántico. Lisboa está dividida en barrios, entre los cuales destaca el de Baixa, cuyo nombre completo es Baixa Pombalina en honor al marqués de Pombal. Fue él quien reconstruyó la ciudad tras el terremoto de 1755, creando un estilo nuevo denominado ‘pombalino’ que combina el barroco tardío y el neoclásico. Ahí encontrarás plazas, terrazas y bares, como el Bar Topo, en donde puedes detenerte a tomar algo antes de continuar explorando la ciudad.

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Durante la reconstrucción de la ciudad, se encontraron en la Baixa ruinas romanas del siglo I después de Cristo. En la actualidad, solo se abren al público durante tres días al año, en el mes de septiembre, con visita guiada por un arqueó- logo, siendo el acceso a través de una alcantarilla por la que se desciende hasta los túneles.

Caminando por la Rua Augusta, en la Baixa, encontrarás el Arco que simboliza la reconstrucción de Lisboa y enseguida la magnífica Plaza del Comercio, abierta hacia el Tajo. En ocasiones especiales, los edificios de la plaza —todos pintados de amarillo— se iluminan al ritmo de música, con diferentes temas según la época.

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De la Baixa también parte el elevador Santa Justa que lleva al Barrio Alto, 32 metros más arriba. Vale la pena tomarlo para obtener formidables vistas de la ciudad desde su mirador. Este barrio al atardecer se llena de luces y música de fados, creando un ambiente mágico y característico de Portugal.

Otra visita obligada para cualquier turista es el barrio de Belém, donde te aconsejo llegar a desayunar a Pastéis de Belém. En esta enorme cafetería, cuyas paredes están repletas de hermosos azulejos, podrás encontrar los tradicionales pastelitos de nata elaborados son su receta secreta y acompañarlos con un rico vaso de chocolate frío.

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Siguiendo la misma calle de Belém, llegarás a la Praça do Imperio, donde podrás conocer el famoso Monasterio de los Jerónimos, grandiosa obra del siglo XVI de estilo manuelino con su fachada de piedra caliza blanca. En su interior encontrarás las tumbas del navegador Vasco da Gama, del poeta Luís de Camoens y de algunos reyes de Portugal.

Continúa el paseo y llegarás a la Torre de Belém, una fortificación antigua de defensa. A unos cuantos metros verás el Padrao dos Descobrimentos, monumento en forma de proa que conmemora los 500 años de la muerte del rey conocido como Enrique El Navegante y que sirve como homenaje a quienes participaron en la era de los descubrimientos.

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Cerca de ahí está el MAAT, el recién inaugurado Museo de Arte, Arquitectura y Tecnología que se encuentra a orillas del Tajo. Su construcción cubierta de una cerámica blanca brillante, favorece los reflejos del agua que se forman en su superficie. Son 15,000 azulejos tridimensionales que imitan y a la vez reflejan las ondulaciones y diferentes tonalidades del agua del río. Los visitantes pueden caminar sobre, bajo y a través del edificio, según fue proyectado.

Otro punto importante es el barrio de Mouraria, la cuna del fado. Es un área llena de historia que transporta al viajero a la época medieval. Las fachadas de las casas están repletas de grafitis, carteles y fotografías de Amália Rodrigues, quizás la mayor cantante portuguesa, también considerada la renovadora del fado. Es un lugar perfecto para comer algo y tomar ginja, un licor dulce y fuerte típico del país.

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Para comer también está Cervejaria Ramiro, un restaurante ubicado en la avenida Almirante Reis conocido por sus mariscos —como los famosos camarones tigre—, el jamón pata negra y los pregos, una especie de torta con carne que suelen comer de postre. El edificio consta de tres pisos: en el sótano se encuentran los criaderos de mariscos, lo que asegura la frescura de los mismos; en la planta baja podrás ver como preparan ciertos platillos, entre el barullo del personal que corre de un lado a otro atendiendo a la abundante clientela; y el piso superior que es más calmado e inclusive cuenta con un salón privado.

En Ribeira das Naus, un espacio en el cual se construyeron muchas de las naves de los marinos portugueses, puedes pasear y ver el atardecer, teniendo a lo lejos el Puente 25 de Abril. Podría decirse que es una playa dentro de la ciudad, en la que se puede tomar el sol, aunque no está permitido meterse al río.

Al día siguiente, iniciamos el recorrido en Alfama, el barrio más antiguo de Lisboa que originalmente fue habitado por pescadores y donde actualmente los lisboetas gustan de caminar cuesta arriba por sus estrechas y empinadas callejuelas, hasta el Castillo de San Jorge. Este castillo es una fortificación musulmana del siglo VIII, recuperada por Alfonso I de Portugal en 1147, tras un sitio de tres meses. A partir del siglo XII, al convertirse Lisboa en capital del Reino, el castillo se convirtió en sede del Palacio Real. A raíz del terremoto de 1755, quedó en ruinas y se reconstruyó en el siglo XX. Se puede tener una vista panorá- mica de la ciudad desde la Torre de Ulises y también vale la pena conocer el patio, los calabozos y pasear por los jardines, en donde encontrarás pavos reales.

Después, al pasear por el barrio Alcántara, podemos visitar Lx Factory, uno de los lugares de moda más frecuentados por los locales. Es un sitio muy interesante y con ambiente hípster. Se aprovecharon los restos de una antigua fábrica de tejidos para crear un espacio lleno de tiendas y puestos de antigüedades, ropa, arte y decoración. Ahí también se encuentra la enorme librería Ler Devagar, un paraíso para los lectores dada la gran variedad de textos que llenan sus estantes. Para comer, encontrarás numerosos restaurantes de comida típica portuguesa e internacional, bares y pequeños cafés. Les recomiendo la Cantina LX, con sus largas mesas comunes que recuerdan los antiguos comedores para trabajadores de las fábricas de la zona.

El Parque de las Naciones es otro lugar que no hay que perderse. En esta zona moderna de Lisboa se encuentra el Oceanario, una estructura que se asemeja a un puerto flotante, al que se accede por medio de pasarelas. Cuenta con un gran tanque central de 5,000 metros cúbicos, en el que se demuestra que especies procedentes de diferentes océanos pueden convivir en un mismo sitio. Ahí encontrarás barracudas, tiburones, mantarrayas, pingüinos, pulpos y simpáticas nutrias. Hay otros cuatro tanques representando hábitats diferentes: los océanos Pacífico, Atlántico, Índico y la Antártida.

Por la noche hay que visitar la calle Nova do Carvalho, antes considerada la zona roja de la ciudad. En 2011 fue remodelada y pintada de rosa, por lo cual hoy en día se conoce como ‘la calle color de rosa’. Está repleta de bares con nombres de ciudades como Tokio, Ámsterdam o Copenhague, que se han puesto de moda y se llenan de vida al anochecer. Allí terminamos con broche de oro nuestro viaje a la bella ciudad que mira eternamente al mar.

Lisboa Lisboa, cada paso un azulejo y las ganas de volver.

Texto y fotos por Mariana Manina
www.marianamaninaphotography.com
@marianamanina