Mount Shasta, California | Hotbook
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Mount Shasta, California

Crónica del viaje

Texto y Fotos por: Joan Peypoch

Mount Shasta está ubicado en el Cascade Range, en California, en Estados Unidos y su escalada representa un reto personal: físico, mental y espiritual. Es una experiencia en la cual el trabajo en grupo disciplinado, sumado a la concentración individual, son fundamentales para lograr el éxito.

Generalmente, esta aventura dura cinco días. Dos se requieren para ir a Shasta City y regresar a México y tres para llevar a cabo la aclimatación, entrenamiento, escalada y descenso. El ascenso se empieza con esquís y pieles y se termina con crampones por equipos encordados.

Volamos de la Ciudad de México hasta Sacramento en California y manejamos cuatro horas hasta la pequeña comunidad de Shasta City que vive para y por la montaña, donde nos hospedamos en un pequeño hotel. Es imposible no hacer un alto en el camino para bajar a contemplar la montaña y tomarle muchas fotos.

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A las 9:00 de la mañana era la cita con nuestros guías para revisar el equipo y poner rumbo hacia el campamento base. Con 50 kg en cada mochila, pusimos las pieles a los esquís e iniciamos el ascenso a dos horas de camino a paso lento. El sitio se llama Horse Camp, a 2,403 metros sobre el nivel del mar.

Con las palas y los esquís nivelamos las plataformas y montamos tres tiendas. También preparamos una cocina con una pequeña estufa y excavamos una banca para poder sentarnos a comer.

Ya instalados, nos pusimos el equipo para hacer una aclimatación y entrenamiento de montaña con pieles para practicar cambios de dirección, ataque a distintas condiciones de nieve y de inclinaciones.

Al día siguiente, preparamos el equipo para ese día de entrenamiento. Agua, barras y geles energéticos, equipo de avalancha, protector solar y capas adicionales de ropa es lo que llevábamos en las mochilas. El esfuerzo fue grande. Hicimos una subida con pieles, bajo el rayo del sol, hasta Lake Helen, a 3,183 metros de elevación. Una vez terminado el entrenamiento, cenamos, preparamos el equipo para el día siguiente y nos acostamos alrededor de las 10:00 de la noche, mentalizados para empezar el ascenso a la 1:00 AM del día siguiente. Logramos dormir nada más dos horas.

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Con las lámparas del casco encendidas, empezamos el ascenso. El primer trayecto, con esquís y pieles, subiendo hasta Lake Helen desde el campamento, nos llevó cuatro horas y media. El no tener el sol encima durante toda esta primera parte del ascenso es sin duda una gran ventaja. Con dos pausas de cinco minutos en el camino para rehidratarnos y descansar, logramos llegar a Lake Helen, para hacer la transición de esquís a crampones. Aseguramos los esquís en las mochilas y nos encordamos en dos equipos.

Así dio inicio la segunda etapa del ascenso. Desde Lake Helen (3,183 m) hasta Thumb Rock (3,939 m). El ritmo cambia, los pasos son muy cortos y es necesario ir subiendo en zig-zag. La altitud hace su trabajo y el cuerpo tiene que ir adaptando la respiración para aclimatarse a la altura y disminución de oxígeno.

El esfuerzo es considerable y el sol empieza a asomarse en el horizonte. Llegamos a Thumb Rock, a las 8:30 a.m, siete horas y media después de haber iniciado el ascenso. Aquí hicimos un alto. Faltaba lo más pesado.

La siguiente etapa del ascenso es hacia Misery Hill. Seguimos ascendiendo una pendiente empinada, ahora bajo el rayo del sol reflejándose en la nieve. La aclimatación a la altura es más difícil y el oxígeno falta. El ritmo es más lento y el esfuerzo realizado empieza a sentirse en las piernas, brazos y espalda.

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Al llegar a la base de Misery Hill el panorama mejora, pues aquí podemos dejar los esquís, pieles y el piolet. Hacemos otro alto y seguimos adelante. Misery Hill hace honor a su nombre, pues el tramo te hace sentir verdaderamente miserable. Una vez superado Misery Hill, viene un tramo plano, largo, donde el paisaje es sobrecogedor. La cumbre ya está a la vista y solo falta una “subidita” más.

La llegada a la cumbre es una sensación indescriptible. Es el premio al mayor esfuerzo. Nos sentimos muy satisfechos con nuestro desempeño, subimos en nueve horas y media, media hora menos de lo previsto, y el clima y condiciones no pudieron haber sido ser mejores.

Una vez habiendo disfrutado de nuestro logro, emprendimos la bajada caminando hasta la base de Misery Hill. El trayecto, aunque es de bajada, resulta muy pesado debido al cansancio, al sol y a la pendiente. Una vez ahí, volvimos a ponernos los esquís con pieles y la emprendimos de subida otros quince minutos para llegar al punto donde íbamos a empezar a esquiar. Sin embargo, es ahí cuando empezó el premio a todo el esfuerzo realizado: una esquiada muy larga, de 2,000 metros verticales, desde la cima hasta el campamento base. Empezamos bajando por la cara oeste, una larga bajada, empinada, con nieve no esquiada. Era una nieve muy suave, porque el sol la había ablandado y la sensación fue como esquiar sobre mantequilla. Esta bajada nos llevó una hora y media, tomando caminos distintos para ir rodeando la montaña hacia el campamento base.

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Llegando, levantamos el campamento y empacamos. Bajamos al estacionamiento con los 50 kilos de equipo. Logramos llegar al estacionamiento y nos pusimos nuestros tenis que tanto deseábamos después de tres días de vivir con botas de esquí. Fuimos al hotel a tomar un baño caliente y nos fuimos a cenar y a descansar.

Ya de regreso en México, la sensación de triunfo y admiración por el esfuerzo realizado es la mayor recompensa, que queda grabada y perdura.


 FACTS

  • Mt Shasta cuenta con siete glaciares.
  • La cumbre se encuentra a 4,317 metros sobre el nivel del mar.
  • El ascenso y descenso verticales son de 2,000 metros
  • Para obtener agua durante el trayecto, derretíamos hielo.



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