No hay planeta B

Mathieu Flamini y su lucha para salvar al planeta

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Muchos deportistas pasan de ser paupérrimos a multimillonarios en un abrir y cerrar de ojos. Tristemente, por falta de cultura, educación financiera y amistades peligrosas, muchos jugadores pierden prácticamente todo apenas unos años después de retirados. Literalmente, caen en bancarrota. Son pocos los que, en cambio, ahorran e invierten en negocios que les permiten vivir después del estrellato deportivo. Una especie diferente son aquellos que destinan sus recursos a causas sociales y/o ecológicas. Esta es una de esas historias.

Hay leyendas que se hacen en el campo, con goles que solo podrían producirse en los sueños, pero que suceden en realidad. Algarabía. Y entonces surgen los relatos y las crónicas, canciones en su honor y, finalmente, un niño caminando en la calle portando la casaca del equipo con su número y nombre. Otros lo hacen con acciones fuera de la cancha.

Años atrás, en 2008, tras su salida del Arsenal, poco abrupta, emigró a Milán. En la ciudad de la moda vistió rossoneri y portó la casaca 84 para el AC Milán. Ahí conoció a Pasquale Granata, la persona que cambiaría su historia y, aparentemente, tal vez la del mundo. “En ese momento [Pasquale] ya estaba interesado en el problema del cambio climático y teníamos muchas ganas de hacer algo. Así que después de reunirnos con un científico, juntos desarrollamos esta biotecnología”, dijo el mediocampista francés para la BBC, en una entrevista en abril de 2016.

Mathieu Flamini es un futbolista francés, técnico, enérgico rayando en lo combativo, sabe leer el campo y darle tiempo a la jugada; recupera balones y, a la vez, es capaz de anotar un gol de locura. Suena a que es un mediocampista único, y en su medida lo es, sobre todo por su inteligencia y su conciencia. Creció entre Marsella y Córcega, y en la isla descubrió la importancia del balance ecológico. Es vegano y dedicó gran parte de su tiempo libre a ver documentales del océano, de ahí su interés en la sustentabilidad.

GFBiochemicals es el nombre de la compañía que fundaron Granata y Flamini. A los 24 años se sen- tía listo para desafiar el sistema y fundó una compañía bioquímica que produce ácido levulínico, el cual se crea partir de la biomasa de hierbas o astillas de madera. Dicho ácido puede emplearse como sustituto del petróleo en prácticamente todas sus formas: plásticos, solventes, detergentes, combustibles e incluso productos de la industria farmacéutica. De acuerdo con Departamento de Energía de Estados Unidos, el ácido levulínico es una de las 12 moléculas que pueden ayudar a resolver el cambio climático.

Ahí comenzó su idilio con el activismo ecológico, a tal grado, que después de 10 años de fundar la empresa, creó la primera maestría en Bio-Economics de Europa, en conjunto con cuatro universidades italianas. El emprendimiento ecológico del jugador francés es la única entidad que produce ácido levulínico a escala comercial directamente a partir de biomasa. En la misma entrevista para la BBC, Flamini expresó que el ácido tiene un gran potencial porque reacciona exactamente como el petróleo; además mencionó que, a lo largo de los años, los principales retos fueron en torno a la producción: primero la reducción de costos y después la continuidad.

“LA VIDA NO SIEMPRE ES FÁCIL CUANDO CONTINUAMENTE ESTÁS PRESIONANDO PARA SER MEJOR Y ESTAR EN MEJOR FORMA”.

En White Hart Lane, luego de 20 minutos de partido, el ritmo estaba lento. Ambos equipos buscaban con más ahínco que inteligencia el balón. Flamini recorría el medio campo de un lado a otro persiguiendo la redonda o la jugada. Minutos después, ese ímpetu daría frutos. Alex Oxlade Chamberlain sacó un disparo potente desde fuera del área y el arquero del conjunto local apenas lo detuvo como pudo, pero la pelota quedó a la deriva apenas afuera del área chica. Se hizo silencio en el estadio del Tottenham. ¡Gol de Flamini! Arsenal se adelantó en el marcador. En el banquillo de suplentes, su amigo Mesut sonreía tímidamente.

Mesut Özil llegó al Arsenal en 2013. Precisamente, Flamini comenzaba su segunda etapa en el club londinense. El “bromance” fue natural. El alemán y el francés se volvieron inseparables mientras ambos vistieron la camiseta de los Gunners. “Estuvimos cerca, ya que siempre tuvimos otros temas de conversación fuera del fút- bol, principalmente relaciona- dos con crear algo juntos para tener un impacto positivo a nivel mundial. La vida no siempre es fácil cuando continuamente estás presionando para ser mejor y estar en mejor for- ma”, aseguró Mathieu en una entrevista para otro negocio ecológico.

El entendimiento en la cancha entre Flamini y Özil, según ellos, es excepcional. Fuera del tapete verde, la sociedad se hizo realidad cuando fundaron la empresa Unity, bajo el principio de que, trabajando en equipo, podían hacer una diferencia. Fuera del campo, Mesut activamente participa y apoya causas sociales; Mathieu, aunque ya tiene un emprendimiento ecológico, no está quieto y sigue realizando campañas para crear consciencia alrededor de la importancia de la sustentabilidad. Unity fabrica productos de cuidado y belleza personal que son tanto accesibles en precio como sustentables.

Tottenham Hotspur empató tras un autogol del con- junto visitante y el público explotó en júbilo. Una jugada desafortunada, en la que no estuvo involucra- do el francés, que sin importarle cuánto esfuerzo llevara, seguía corriendo, barriéndose y alentando a sus compañeros. El dorsal 20 aparecía en todos lados. Una noche mágica.

Los ingredientes que utiliza Unity en todos sus productos son naturales, incluso el material que utilizan para el empaque: caña de azúcar. Es un bioplástico renovable y reciclable cultivado de forma sostenible. Por si fuera poco, la compañía dona 1% de sus ganancias para apoyar distintas causas dirigidas tanto al planeta Tierra como a la sociedad.

Alexis Sánchez tomó la pelota en media cancha, dribló y filtró el balón al movimiento que le marcó Oxlade Chamberlain, pero un defensor se interpuso en el viaje de la pelota que salió rebotando por todo lo alto. A un par de metros fuera del área, cuando iba bajando, Mathieu reventó la de gajos antes de que tocara el suelo. El narrador estalló de júbilo y apenas terminó de pronunciar el apellido del jugador, la redonda rebotó en el suelo y se clavó en el ángulo inferior izquierdo del arquero local. ¡Gol! Arsenal se adelantó nuevamente en el tanteador.

Flamini corrió a la esquina y después de tocarse el corazón un par de veces, señaló a la afición visitante, la del Arsenal, su equipo, para dedicarles el gol. Aquella dedicatoria parecería que era para el mundo entero: fundó GF-Biochemicals con el fin de hacer un cambio real que beneficie al planeta con todas sus especies. Aunque él mismo dice que su prioridad es el futbol, también busca recordarle al mundo que no hay un planeta B.

gfbiochemicals.com/companyoneunity.com

Fuente: Entrevista a Mathieu Flamini en el EFIB 2017
youtube.com/watch?v=wPC_vsI89Xk&t=2s

Texto por: ALAN AMPER

Soy un ferviente fanático de las bandas sonoras de filmes de corte épico, y un enamorado declarado de la comida. Viajero impenitente, cocinero autodidacta y fan de los Rayos del Necaxa (aunque usted, no lo crea), ah, y toco la gaita escocesa. Cuentista, entrevistador, cronista y fotógrafo. He colaborado con National Geographic Traveler, Travel + Leisure, GQ y Futbol Total, entre otras.

Ilustración por: Ana Paula Cámara