Nyepi: Bali y su antesala ritual

Nyepi: rituales en Bali, Indonesia

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Son alrededor de las ocho de la mañana; lo sé por el canto de las chicharras que está en su máximo esplendor. Me pregunto, ¿por qué no amanecen ellas más temprano? Como los pájaros, como yo.

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Foto: Cortesía

Si alguien me hubiera dicho que así sería mi vida, jamás le hubiera creído. A veces se tiene cierto convencimiento –quizá ilusorio– de que se será feliz; al contrario de lo que se cree, la felicidad es algo que se trabaja y es casi independiente de lo que se tiene o lo que se logra. La felicidad muta, así como las cosas que nos dan placer. Aún segura de mi capacidad de buscar y crear la felicidad, aquí no me hubiera imaginado jamás. Ya había cumplido veinte tantos y todavía no sabía en dónde estaba Indonesia en un mapa.

Este país, lo entiendo ahora, es un gigante dormido: un archipiélago enorme, de más de diecisiete mil islas, con una gran población y una complejidad de más de trescientas culturas e idiomas oficiales. Es un monstruo benevolente, misterioso, lejano y a la vez familiar para quienes tenemos raíces latinas. Y yo, que llevo seis años volviendo, apenas he podido conocer un poquito, la punta del iceberg.

Estando aquí, puedo decir que Bali, una de sus islas, no es solo una pieza más en el rompecabezas; es un rompecabezas entero, en tercera dimensión, de diez mil piezas. Bali es un universo. Un mundo dentro de otro mundo; como quizá lo es todo en esta vida.

Esta vez he tenido la oportunidad, después de seis años, de pasar en Bali mi primer Nyepi, el año nuevo o “Día del Silencio” balinés. Se conmemora cada año nuevo del calendario balinés, llamado saka. En Bali, tanto la vida pública como la privada giran en torno a dos calendarios: el calendario pawukon que tiene 210 días y se utiliza solo en el hinduismo balinés y el calendario saka, que a diferencia del pawukon está basado en las fases de la luna y es aproximadamente de la misma longitud del calendario gregoriano.

Esto no solo suena complicado, sino que lo es, al punto de que la mayoría de los balineses deben recurrir a un calendario impreso que se distribuye anualmente, el cual incluye ambos sistemas, pero en realidad no están sincronizados. Para tranquilidad de todos, este no es el momento de comprenderlo a fondo. El calendario lunisolar balinés, saka, comienza cada Nyepi.

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Foto: Cortesía

¿Qué es Nyepi?

Es el año nuevo en la cultura balinesa. Una cultura y religión –ambas bastante conectadas aquí– que a diferencia de lo que muchos creen no es puramente hinduista, sino que ha ido evolucionando hasta convertirse en una interesantísima mezcla entre hinduismo, animismo local, veneración a los muertos, pitru paksha (calendario lunar hinduista que venera a los ancestros) y reverencia por santos budistas o bodhisattvas.

Por todo lo anterior, la religión, y se podría decir que la cultura predominante en Bali, es el hinduismo balinés o agama hindu dharma, la cual engloba un millón de cosas que no comprendo, aunque aprecio y agradezco; pero que, al mismo tiempo, estoy segura no comprenderé jamás al cien por ciento por más que lo estudie. Entre otras razones, porque no he nacido aquí, porque aunque lo intento todos los días no hablo su idioma y porque las mayores prácticas sociales, culturales y espirituales se maman y yo, aunque adoro esta tierra como jamás podría haberlo imaginado, soy más mexicana que los tlacoyos. Tanto que solo pensar en ellos me hace salivar y extrañar mi casa.

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LAS VÍSPERAS DEL AÑO NUEVO BALINÉS Y LOS RITUALES QUE LO PRECEDEN

Las celebraciones de Nyepi inician varios días antes, pero el ambiente en realidad puede sentirse desde febrero, cuando se comienza a ver por las calles y en los banjares, o casas municipales, a la gente organizada para dar inicio a la construcción de los ogoh-ogoh: ogros, monstruos y figuras mitológicas tomadas principalmente de cuentos del Ramayana, el Mahabharata y el Bhagavad Gita que bailarán por las calles en un desfile llamado Pengrupukan, y que se lleva a cabo la noche anterior al Día del Silencio.

A lo largo de los días que preceden el gran evento, la cuidadosa construcción y creación de los ogoh-ogoh avanza lento, pero constante como una prueba irrefutable de la camaradería y el sentido de comunidad que rige y ha preservado esta isla. Estructuras enormes creadas a mano con papel maché, bambú, telas y hule espuma se erigen como un testimonio de habilidad y tradiciones milenarias.

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LOS RITUALES QUE PRECEDEN AL DESFILE DE LOS OGOH-OGOH

El primer ritual, Melasti, se lleva a cabo algunos días antes y está dedicado a Acintya, el dios supremo del hinduismo indonesio. Las ceremonias se desarrollan en los templos del agua o pura segal, y son rituales de purificación destinados a limpiar objetos sagrados, como la pralingga o pratima, pero sobre todo a liberar el mundo del karma negativo a través del acto simbólico de obtener tirta amerta, “el agua de vida” que viene del mar y de los lagos.

El segundo ritual, Bhutayajna, se realiza para eliminar elementos negativos y restaurar el equilibrio entre Dios, el ser humano y la naturaleza. Durante este ritual, se coloca comida en el suelo de templos, casas, etc., para todas las criaturas pequeñas y grandes, así como para todos los seres visibles y no visibles que pueblan el mundo.

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PENGRUPUKAN, EL DÍA DEL DESFILE

El día del desfile todo está en calma, preparándose para la gran fiesta. Los negocios han cerrado y los jóvenes trabajan dando los últimos toques a sus ogoh-ogoh, especie de alebrijes que con la puesta del sol saldrán por las calles de cada banjar. La procesión es liderada por la estruendosa y maravillosa música del gamelan que irá purificando el espacio.

Al llegar la noche, comienza el Pengrupukan, la última parte de la limpia destinada a expulsar a todos los demonios de la isla con un pandemonio que nace en las casas municipales y, se cree, atraerá a los espíritus, quienes vendrán por las ofrendas y la comida expuesta en las calles. Durante este ritual, es cuando los ogoh-ogoh, metáforas de los espíritus malignos, son transportados a su destino final, mientras combaten y son marea- dos por los cientos de niños y jóvenes que los llevan en hombros sobre estructuras cuadriculadas de bambú.

Los espíritus malignos, quienes por lo general se congregan en las entrecalles, bailan y giran sin parar, para que después, confundidos, no logren encontrar el camino de regreso a la isla. Al terminar el desfile, la mayoría de las estatuas y estructuras serán quemadas en los cementerios para así destruir sus poderes maléficos.

En Bali, todo lo que pertenece a las ceremonias y ofrendas pierde su valor después de ser ofrecido. No es lo material lo que importa, sino la carga espiritual que esto conlleva, el sentido, pues lo que se pidió, por lo general, se agradece. Si algo he aprendido en este país, es a dejar ir. A que nada permanece. A que lo más valioso está siempre en la intención, en lo que no es materia, en el cambio.

El desfile se da en los centros principales de las ciudades más turísticas, pero también en los campos de futbol y en las calles de los pueblos más pequeños.

Hay estatuas de diez metros de alto y algunas se contonean en su metro de altura cargadas por niños de menos de siete años. Y es viéndolos que confirmo que la cultura es algo que no se puede aprender de adulto; es algo que se trae dentro porque nos permea desde el momento que estamos en el vientre de nuestra madre, quien, a su vez y a su modo, nos va dando parte de ella.

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EL DÍA DESPUÉS DE LA QUEMA. EL DÍA DEL SILENCIO O NYEPI

Nyepi, al contrario de cualquier otro año nuevo, es un día de absoluto silencio en el que Bali se sumerge en una meditación que comienza a las seis de la mañana y termina hasta que sale el siguiente sol.

A la media noche, después del desfile, todo se ha terminado y la isla desciende hacia un profundo silencio. Un silencio elegido, pero también impuesto. Nyepi es un día de ayuno y meditación para la mayoría de los balineses. Desde las 6 am. hasta las 6 am. de la mañana siguiente, el día es de reflexión y todo lo que pudiera interferir con ese propósito está restringido.

Después de haber recorrido sus calles atestadas de motocicletas, que esto pase es difícil de creer, pero durante estas horas, nadie puede salir a la calle. No hay coches, motocicletas, televisión, internet (gracias a todos los dioses), cocinas, trabajo, entretenimiento. Inentendible para nuestro mundo, el aeropuerto cierra sus puertas por veinticuatro horas y todas las empresas de comunicaciones cortan los teléfonos y el internet. Las personas, turistas y locales, deben quedarse en casa y solo los vigilantes “pecalang” pueden rondar por las calles cuidando que nadie más se aventure fuera de su hotel o vivienda.

Los rituales del día de Nyepi son: Amati Geni, ni fuego ni luz, incluyendo electricidad; Amati Karya, no trabajo; Amati Lelunganan, no viaje ni transporte; Amati Lelanguan, no entretenimiento; y por último, Yoga o Brata que es la meditación y el silencio que se contempla por veinticuatro horas.

Durante este día, la calma en las calles es tal que si tienes un balcón hacia una calle turística, puedes observar a los perros desconcertados caminando de un lado a otro a la espera de alguna catástrofe.

La isla descansa y casi te permite sentir la vida que fluye. Hay una paz que es difícil de creer y reconocer en este mundo de prisas. La lluvia cae, todo el día, en esta ocasión, y yo me siento a verla caer, porque no tengo nada más que hacer. Estoy alegre. Es la segunda vez en mi vida que puedo sentir que tengo tiempo; que aún tengo mucho por aprender, que no hay prisa. Es la primera vez en mi vida, después de venir durante seis años, que me toca vivirlo. Muchos dirían que no hay nada que vivir, no hay nada que hacer, pero este es ahora uno de mis días favoritos en todo el año.

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En la noche no se prenden las luces porque el silencio y la oscuridad de Nyepi es también para que los demonios se olviden de este sitio, para que crean que todos los habitantes lo han abandonado y se vayan sin encontrar nunca su camino de vuelta. Por eso, después de la calma y del abandono, podemos comenzar un año nuevo, limpio. De cero.

Me descubro anhelando que no termine, que mañana sea igual. Deseo exportar esta fecha a todo el mundo, llevarla a casa, con mi familia, con mis amigos y a toda la gente que alguna vez he querido. Porque hace bien. Porque nos hemos olvidado del poder medicinal que tiene apagarlo todo y ver caer la lluvia todo un día completo.

Al día siguiente, amanezco de nuevo antes que las chicharras, estoy alegre y me gustaría que hoy tampoco hubiera ruido en el mundo. Sin embargo, faltan dos rituales que se deben practicar. Y así, para terminar de enamorarse de estas fechas, se comienza el Ngembak Agni o Labuh Brata el día en que todos los hindús se reúnen con familiares y vecinos, después de haber pasado un día completo en contemplación, para perdonarse y dejar ir todos los resentimientos o asuntos pendientes del año.

Ese me parece el mejor momento de recomenzar. El Dharjma Shanti es el último ritual que se practica y da cierre a todos los demás alrededor de Nyepi.

Hoy vimos el amanecer juntos. Fue lento y escondido detrás de las nubes. Ahora el día completo está iluminado y aunque no ha comenzado del todo, presiento que llevará otro ritmo. Nyepi es como un regalo, como el retorno de uno de los trescientos sesenta y cinco días del año hacia la pausa. No pasa más que lo que siempre está pasando y no podemos ver debido a la prisa.

Ayer pude sentir que tenía tiempo; que el día y la vida es ancha y aún queda tanto por aprender y sentir. Con mucho cariño, Eda Sofía.

Texto por: EDA SOFÍA CORREA BERNINI

Ig.@eda.sofia

Eda Sofía es una escritora mexicana que vive entre la Narvarte, Bali y Costa Rica. Y entre esos lugares; el viaje. La vida como una travesía. Sí, por lo general pasa los días sorprendida por su suerte. Escritora, diseñadora gráfica, fotógrafa, comunicadora y carnívora de clóset. Ama bailar hasta que el cuerpo no da mas y mantiene un gusto un tanto cuestionable por estudiar la mente criminal. Catadora profesional de helado, como toda la gente en su sano juicio debería. Comprometida hasta el extremo con la aventura, la búsqueda y la conquista de aquello que podría parecer imposible. Predispuesta ante el amor, viajera, cazadora de instantes, obsesiva a causa de nimiedades y coleccionista de palabras. Puedes leer más acerca de ella escribiendo “Eda Sofía” en Google, ¡en serio!, o en su  blog: www.edasofia.com

Fotos cortesía de Eda Sofía Correa Bernini, Herman Damar Adji, Pahala Basuki, Peter Dean y Ruben Hutabarat.