Esplendor caribeño: postales inmaculadas de Turcas y Caicos

Las espectaculares islas Turcas y Caicos

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Pocas imágenes estereotípicas coinciden unánimemente en las cabezas como lo hace la postal caribeña. Aguas cristalinas, arenas blancas y palmeras que quieren mojar sus hojas en el mar son el anhelo de millones de oficinistas de todas las nacionalidades. En Turcos y Caicos la expectativa se cumple, y con creces. Ya sea por remoto o por desconocido, este archipiélago no entiende de aglomeraciones playeras, mastodontes hoteleros ni cruceros de marabunta. Una combinación perfecta cocinada a fuego lento en un sincretismo heterogéneo da como resultado este sabrosísimo esplendor caribeño.

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Foto: Cortesía

La tranquilidad de las aguas del mar Caribe no es más que pura apariencia. Alentadas por la tropicalidad de esta balsa salada, las islas del lugar se convierten en un hervidero de naturaleza, gente y disfrute a la primera de cambio. La turbulencia de la historia, el paso del tiempo y la inclemencia del oleaje dieron como resultado una interesante realidad insular de esencia criolla. Un caso singular en la miscelánea caribeña es Turcos y Caicos. Aquí, el lujo es discreto, la tranquilidad es protagónica y la vacación, una constante.

Sucede siempre que, cuanto más grande la isla, mayor el ajetreo. Hace tiempo que el lujo dejó de ser llegar al Caribe para convertirse en encontrar un rincón de paz y sosiego en alguna de sus playas. La promesa de verano eterno, el refugio de dineros indecorosos y las pieles necesita- das de melanina han hecho del Caribe insular uno de los destinos turísticos más deseados –y a veces saturados– del mundo.

Para consuelo del que busque hacer coincidir la postal caribeña de su cabeza con la estampa vacacional, la corona británica se reserva una joya sorpresa. Turcos y Caicos no hace mucho alarde de sus maravillas, su fuerte es la discreción paradisiaca y el lujo terrenal. Este enésimo territorio de ultramar reparte la virginidad de sus playas, la bondad de su clima y la riqueza de sus aguas entre poco más de 30,000 afortunados residentes. Además, la aversión de los caicos a las aglomeraciones de trescientos metros de eslora, es la prueba definitiva de que a este lugar nadie llega por casualidad.

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Foto: Cortesía

JUNTOS PERO NO REVUELTOS

Las Américas, sabedoras de que hacia el este el Atlántico gana la batalla, aprovechan cada peda- zo de tierra que sobresale entre las olas para llenarlo de maravillas. El rosario isleño que decora los confines del Caribe es, en contra de lo que pudiese parecer, de lo más variopinto. Cada isla es una oportunidad para hacer explotar las bondades tropicales por encima y debajo de la superficie del mar. Arrecifes atestados, manglares impenetrables y colinas retacadas de verdor custodian islas de todo tipo, tamaño y color.

Es lógico que en tan variado mar, sean las islas de mayor tamaño quienes acaparen la mayor parte de las miradas. Sin embargo, hay mucho Caribe más allá de las tierras de la salsa, el reguetón y el reggae. Este mar atlántico presume infinidad de islas, islotes y caicos un poco más difíciles de diferenciar. Solo las banderas del Viejo Mundo, las monedas importadas y las lenguas híbridas dotan de identidad a los países más pequeños del lugar. Y es un decir, porque en este rincón del mundo, tanto las identidades como las soberanías son más bien relativas.

Si bien hasta aquí no llegó ningún turco, la semejanza de los característicos sombreros rojos de la tierra del Bósforo con las cactáceas locales fue suficiente para que el eurocentrismo bautizara así las islas orientales del archipiélago. Los caicos, a medio camino entre arrecife prominente e isla chata, representan la mayor parte del territorio y la mitad de su nombre. Esta dualidad geográfica estructura la esencia de Turcos y Caicos.

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Foto: Cortesía

La capital del territorio, Cockburn Town, único puerto de llegada para los resorts flotantes en el archipiélago, se asienta en una de los turcos. Sin embargo, la amabilidad geográfica de los caicos hace que la inmensa mayoría de estos descontextualizados británicos habite en ellos. Providenciales, la tercera isla en tamaño, es también el lugar del principal aeropuerto de Turcos y Caicos, así como la casa de tres cuartas partes de los oriundos is- leños y el destino que seduce a la mayoría de las visitas.

DIVINA PROVIDENCIA

De entre las cuarenta islas que conforman el archipiélago, solo ocho están habitadas. De entre ellas, una concentra todos los atisbos de urbanidad que se atreven a pasar por Turcos y Caicos. Hoy, Provo –como la conocen sus pobladores– presume versiones tropicales de colonialismo inglés, hoteles discretos y alguno que otro café. Los escasos pinos endémicos presentes en la isla escoltan las últimas construcciones de la ciudad hasta el mar. No obstante, la estampa de tranquilidad que hoy desborda la villa no siempre fue así.

Si algo comparten todas las islas del mar Caribe, más allá de las playas de arena blanca, es un pasado turbulento. La llegada de los primeros europeos en el siglo XVI puso fin a la presencia taína en estas islas. Por aquí pasaron españoles, ingleses, holandeses y franceses reclamando el archipiélago en nombre de algún monarca de latitudes ajenas. Sin embargo, el territorio tuvo que esperar hasta el siglo XIX para ser habitado por alguien más que piratas de ocasión. Después de tanto europeo y tan poco turco, los primeros pobladores modernos del lugar terminaron siendo africanos liberados de los barcos esclavistas que pasaban por allí.

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Foto: Cortesía

Todo este mestizaje desemboca cada jueves en un evento que reúne a locales y turistas alrededor de música en vivo, cocina oriunda y cerveza artesanal. El Fish Fry Thursday, que tiene lugar a un costado del Wymara Resort, es el resumen perfecto del discreto sincretismo de Turcos y Caicos. En este archipiélago, divina o no, la providencia siempre tuvo que adaptarse a la sencillez y discreción que definen el lugar.

LUJO DE DETALLE

Si bien estas son unas islas de carácter sencillo, la modestia no es uno de sus fuertes. La tranquilidad y lejanía de estas playas han venido acompañadas de lujos desbordados. Hoteles y viviendas hedonistas como pocos salpican las tranquilas costas de Turcos y Caicos. Si la naturaleza retacó estas islas de riquezas salvajes, hubiera sido extraño que el hombre no llegara a hacer lo propio. La combinación de las exquisiteces naturales y hechizas han convertido a este archipiélago en un tesoro escondido.

De entre tanta fineza sobresale la ostentosidad de una propiedad en especial. El Wymara Resort, en Providenciales, deslumbra a las visitas con la amplitud de sus espacios, el resplandor de sus mármoles y la calidez de sus empleados. Este lugar de esencia multicultural se reserva el mayor de los lujos lejos de las miradas. A cuatro kilómetros del hotel, escondidas en los amables acantilados caribeños, Wymara presume una exquisita colección de villas ajenas a lo mundano.

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Foto: Cortesía

La pulcritud del cuidadoso diseño de estas villas enmarca una visión casi onírica de la inmensidad atlántica. Estas fortalezas marmóreas, atravesadas solo por la luz tropical, se vuelcan a la tranquilidad del mar en sus piscinas infinitas y sus asoleaderos particulares en contacto directo con el salitre. Por si el snorkel en el patio trasero no fuera suficientemente ostentoso, estas propiedades ofrecen al holgado propietario o visitante la posibilidad de romper el cotizado aislamiento con un simple telefonazo. Uno nunca sabe cuándo se puede antojar un plato de frutas o que alguien venga a cocinarte el almuerzo.

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Foto: Cortesía

Ya sean mortales o no, queda claro que todas las cabezas coinciden en que Turcos y Caicos sobrepasa con creces la idea de paraíso terrenal. Peces que se burlan del arcoíris, conchas que entregan su blancura a las playas y nubes de voluptuosa esponjosidad confirman la fantasía vacacional de quien aterriza en Provo. El Caribe ha vivido en una especie de despreocupada realidad paralela. Y ni falta que le hace cambiar, probablemente ese sea el secreto de su inmaculado esplendor.

GUÍA DE TURCOS Y CAICOS

CÓMO LLEGAR

Turcos y Caicos es un territorio de Reino Unido, por lo que los mexicanos no necesitan visa.

No hay ninguna aerolínea que ofrezca vuelos directos desde México. Sin embargo, tanto las compañías estadounidenses de bandera como otras de bajo costo ofrecen diferentes conexiones con Providenciales. La ruta más rápida hasta estas recónditas islas es a través de Miami, pero también hay vuelos desde Atlanta y Nueva York.

DÓNDE DORMIR

 

Wymara Resort

Este hotel a pie de playa no se conforma con agasajar a sus huéspedes con aguas color turquesa. Wymara ofrece spa, albercas y restaurantes para hacer las delicias de todas las visitas.

D. Wymara Turks & Caicos, Grace Bay Beach, Providenciales
T. +1 888 844 5986
www.wymararesortandvillas.com

Wymara Villas

Las villas de Wymara son uno de los desarrollos residenciales de lujo más exclusivos de estas islas en particular y del Caribe en general. La armonía arquitectónica de estas edificaciones se distribuye, al interior, entre tres y cuatro cuartos, dependiendo del caso.

Si bien el precio no está al alcance de todos los bolsillos, la compra de una villa incluye la residencia permanente enTurcos y Caicos.

www.theagencyre.com

DÓNDE COMER

Lemon 2 Go Co ee

La estrechez geográfica de Providenciales deja poco espacio para el esparcimiento en la pequeña ciudad, que concentra la mayor parte de locales comerciales en Grace Bay. Lemon 2 Go comparte espacio con una oristería para hacer del café una actividad más colorida y aromática. Además, aquí se pueden disfrutar algunos bocados sencillos, hechos con dedicación, y combucha local para paliar el calor.

D. Grace BayTKCA 1ZZ

Fish Fry Thursday

Para el amante del sabor local. Cada jueves, a partir de las 5:30 pm, tiene lugar uno de esos eventos que juntan a locales y turistas por igual. El Fish Fry es un mercadito semanal al aire libre donde deleitarse con la cocina oriunda llena de pescado fresco y caracoles marinos caribeños. También hay, para acompañar, cerveza y helados artesanales. Todo aderezado con música en vivo.

D. The Bright Settlement TKCA 1ZZ

QUÉ HACER

Snuba

Los arrecifes de Turcos y Caicos coquetean descaradamente con la playa. A no mucho más de 10 metros de la línea de arena, los peces se muestran desvergonzados. Para apreciar el espectáculo, a medio camino entre el snorkel y el buceo, Windsong Resort ofrece esta actividad de la mano de SnubaTurks and Caicos.

www.snubaturksandcaicos.com

Texto por: JORGE SANTOS DEL BARRIO

Jorge Santos es orgullosamente castellano, observador im- paciente y consumidor empedernido de documentales. Des- de la infancia, la naturaleza ha sido su verdadero y único amor. Biólogo frustrado, encontró en la comunicación todo lo que la ciencia no le dio. Es un firme defensor de que la sostenibilidad no es una utopía, sino la única opción.
Instagram: @jorgias_3

Fotos cortesía de Turks & Caicos Islands Tourist Board y Wymara Resort