Sunday de Carsten Höller en el Museo Tamayo

Carsten Holler en el Museo Tamayo

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Sunday es la nueva exposición de Carsten Holler en el Museo Rufino Tamayo de la Ciudad de México. Un trabajo que se viene preparando desde 2016, y tiene como punto de partida la toma de decisiones.

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Foto: Cortesía

Carsten Höller, reconocido por sus instalaciones alucinantes, es entomólogo y doctorado en ciencias agrícolas, especializado en la comunicación olfativa de los insectos. Su campo de experiencia, poco común en un artista, le permite buscar un resultado más profundo en sus espectadores. Höller lleva al límite las sensaciones inducidas, alterando los estados físicos y psicológicos de sus espectadores y convirtiéndolos, de esta manera, en un elemento esencial de su propuesta artística.

Para el artista y científico, el museo es una especie de laboratorio, donde puede explorar y experimentar los estados de percepción, como un lugar de acción y participación. El n de su trabajo, según el propio Höller, es promover un tipo de entendimiento sobre nosotros mismos, que podría sernos útil si queremos sobrevivir en este planeta.

Al llegar al museo, se abren dos posibilidades para entrar a la exposición. Esta será la primera decisión que deberás tomar durante la visita a exhibición. La primera opción es Decision Tubes, obra hecha especialmente para esta exposición, que consiste en un circuito hecho con una red inspirada en puentes colgantes o redes de pesca africanas, que forma tubos y se va, a su vez, bifurcando, llevándote a distintos espacios del museo, como al techo, por ejemplo. En cada bifurcación deberás tomar nuevamente una decisión.

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Foto: Cortesía

La segunda opción de entrada al recorrido se llama Six Sliding Doors, que como su nombre indica, se trata de seis puertas que se abren y cierran gracias a sensores de movimiento. Al ser espejos, suceden dos fenómenos simultáneos: el primero, es que no sabrás lo que te espera o cuándo terminarás de pasar por estas puertas para llegar finalmente a la exposición. El segundo, es que te enfrentarás constantemente a tu propio reflejo y deberás sortearlo para llegar al punto final de este preámbulo de la obra donde, ahora sí, inicia la exposición.

La muestra no sigue un orden programado, precisamente porque desde la primera obra cada quien decide cómo ingresará al recinto y desarrollará su propio recorrido. Si accedes por Decision Tubes, por ejemplo, podrás iniciar en cualquiera de las obras a las que llegan las distintas bifurcaciones.

Una de las instalaciones que estoy segura llamará tu atención –probablemente de forma inevitable– es Light Wall, y es que se trata de 1,152 focos LED que parpadean, aumentan y disminuyen la intensidad de la luz acompañados de un audio específico. La obra tiene como finalidad ser el primer estímulo para empezar la exposición, alterando a sus espectadores, a quienes les quedan residuos de los destellos y del audio programado en sincronía.

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Foto: Cortesía

Pill Clock es una de las obras más interesantes. Según estudios, los humanos nos tardamos aproximadamente tres segundos en tomar decisiones cotidianas. Si nos vamos por una ruta u otra, si queremos aceptar alguna invitación o cualquier otra decisión usual. Aquí, un dispositivo hace que caiga una pastilla del techo cada tres segundos. Estas pueden consumirse, ya que son placebos, cada tres segundos. Quien se encuentra frente a Pill Clock decide si las consume o no, en cuyo caso se van apilando en el suelo.

En otra parte de la sala se encuentra la serie Division Square. Estos cuadros están basados en un principio matemático, se pinta una mitad, posteriormente la mitad de esa mitad y así sucesivamente. Carsten implementó en esta obra un aspecto interesante adicional y es que no solo divide el espacio del cuadro, también lo hace con el color, en mitades exactas, hasta llegar al blanco.

En la serie Dot Painting se recrea, con puntos de pintura, fotografías de los besos más famosos de la historia en Breakfast at Ti any’s Kiss o Kahlo and Rivera Kiss hasta Don’t Ask, Don’t Tell Kiss.

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Foto: Cortesía

Otra de las obras que conforman Sunday se llama Drug Love, una sustancia que se encuentra en un bote que parece de jarabe puesto sobre una repisa de madera. Al acercarte, verás que hay varias reticciones para “ser parte de esta obra”, específicamente, para olerla. La idea es que si eres mayor de 18 años y te encuentras en condiciones óptimas de salud, entre otros requisitos, puedes abrir el envase e inhalar profundamente. Este aroma afecta ligeramente tu cuerpo, como si hubieras consumido algún tipo de droga.

Two Roaming Beds es una de las piezas centrales de la exhibición. Y es un verdadero ejemplo de la interacción que Höller espera de sus espectadores.

Mientras la exposición se encuentre abierta al público, estos pueden inscribirse para pasar una noche en unas camas “ambulantes”, que hacen alusión al sonambulismo y van dejando huella sobre el piso con tinta pintada trazando el espacio recorrido. Las camas siempre se mueven en espejo.

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Foto: Cortesía

Quien se queda recibe, antes de dormir, Insensatus, una obra que consiste en tubos de una pasta de dientes natural que genera cierta somnolencia y que, dígase de paso, pueden inducir a sueños relacionados con la infancia, la feminidad o la masculinidad, dependiendo de la opción que selecciones.

A pesar de que la pasta induce al sueño, la idea es que seas consciente de que estás durmiendo en un museo, lo que puede generar emoción en algunas personas y en otras, angustia o miedo. Sobre las camas, en el techo del museo, se colocó una pieza llamada Pi Wall, con el n de generar una sensación hipnótica.

El Double Neon Elevator es una de las piezas más fotografiadas del artista. Al encontrarte dentro de un cuadrado con luces neón que se encienden y apagan según una secuencia programada, la sensación que genera es la de subir o bajar en un elevador.

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Foto: Cortesía

Dentro de la exposición aún hay más piezas, como los Upside-Down Goggles, lentes que por medio de espejos invierten la imagen que vemos. Al ponértelos causa una sensasión de mareo y de incomodidad; sin embargo, nos cuentan que Höller se propuso probar que los humanos podemos acostumbrarnos a todo y, para demostrarlo, incluso cocina en casa con estos goggles puestos.

Las obras alcanzan los espacios del techo. Al entrar por uno de los tubos de red, encontrarás allí la pieza llamada Giant Triple Mushroom, como si este hubiera crecido ahí naturalmente y nos invita a imaginar que el museo completo está bajo tierra.

Todas las piezas de esta exposición aluden a los sentidos, por lo que cada espectador tiene una experiencia diferente, subjetiva e individual. Eso es precisamente lo interesante de su trabajo: conocer las propias reacciones ante alteraciones sensoriales que nos desorientan momentáneamente. Höller pone en contacto, a través de cada obra, lo ilusorio de nuestra relación con la vida cotidiana.

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Foto: Cortesía

Texto por: Nicolle Lekare
Fotos cortesía de Museo Ru no Tamayo