Udaipur, una vida de Maharajá.
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#GLOBETROTTER Udaipur, una vida de Maharajá.

En el tormento de leyendas y hechos históricos, la India esconde unas ciudades y fortalezas que animan el paisaje de Rajastán. El misticismo siempre me seduce, los dioses se infiltran en mi viaje, las batallas animan mi mente viajera y siempre descubro un mundo que nos sorprende en cada visita. A la puerta del desierto de Thar, un universo fascinante abre sus puertas para el placer de mi alma.

RAJASTÁN

Rajastán es el reino de los rashput, término que en idioma sánscrito significa “hijos del rey” (rash (rája): ‘rey’ y putrá: ‘hijo’). Este clan inició su hegemonía en el siglo VI, al establecer diversos reinos en Rajastán y el norte de la India. Los rashputs resistieron las incursiones musulmanas, aunque algunos se convirtieron en dependientes del Sultanato de Delhi y del Imperio Mogol. Con la decadencia de este último Imperio en el siglo XVIII, la región sufrió continuos ataques y al principio del siglo XIX, los diferentes rashput firmaron tratados con los británicos, aceptando la soberanía del Imperio europeo a cambio de una autonomía local y protección frente a los Marathas, la organización estatal que existió en India entre 1674 y 1818.

Foto: Patrick Monney

De la gloria del pasado quedan unos palacios fascinantes que alzan sus muros con orgullo y donde los rashput o maharajás siguen reinando, ocupando parte de sus palacios mientras el resto está destinado ahora a hoteles o museos. Al pasar las puertas de esos alcázares, se siente los muros vibrar con el eco de las glorias del pasado, las celosías de piedra palpitan con las miradas de las mujeres de ojos largos.

UDAIPUR

Capital del antiguo reino de Mewar, Udaipur se aloja al pie de los montes Aravalli, al sur de Rajastán, y la llaman la Ciudad de los Lagos por sus diferentes lagos como el Pichola, el Fateh Sagar, el Udai Sagar y el Swarup Sagar. El lago Pichola, el mayor de ellos, es el corazón de la ciudad, donde se miran los palacios, donde el visitante navega para alcanzar las islas o desembarcar en los diferentes muelles. Construido por Pichhu Banjara durante el reinado de Maharana Lakha, hacia 1362, es un verdadero espejo que refresca la ciudad y donde la gente se baña y realizan sus abluciones. Entre 1743 y 1746 se construyó, en un islote del lago, un palacio real de verano, el Jag Niwas o Palacio del Lago que hoy día alberga el lujoso hotel Lake Palace.

Foto: Patrick Monney

Al llegar del aeropuerto, me alojé en el fastuoso hotel Oberoi Udaivilas. Ubicado sobre una colina, ofrece una vista soberbia al lago. Al recinto penetré por un hermoso patio monumental a la medida de un palacio que me llevó a una pequeña puerta íntima que se abre sobre la recepción bajo una gran cúpula dorada, rodeada de elegantes salones. Un largo pasillo, visitado por unos pavos reales que lo animaban con sus gritos estridentes, me llevó como príncipe a mi habitación que se abría sobre la larga piscina que rodea el edificio, surgido de un cuento de las Mil y una noches con sus cúpulas, sus pabellones que se reflejaban en las piscinas. Era un verdadero sueño creado para la fantasía del viajero que trepida al son del esplendor de una fábula y se transporta en el tiempo.

En la lancha manejada por un hombre de largo bigote y turbante rojo, alcancé el Lake Palace, antiguamente conocido como Jag Niwas. Fue terminado en 1746 bajo la dirección del maharana Jagat Singh II y servía de palacio de invierno, con orientación este, para permitir a sus moradores rezarle durante el amanecer a Surya, el dios hindú del sol, que aparece representado muchas veces en la arquitectura del palacio. Cuenta con patios alineados con columnas, terrazas con pilares, fuentes y jardines, además de sus hermosos salones. El suelo está incrustado de mármoles blancos y negros, las paredes se adornan con nichos y arabescos, su ambiente inspira paz y relajación en medio de un esplendor oriental.

Foto: Patrick Monney

El palacio se había ido deteriorando hasta que Bhagwat Singh decidió convertirlo en el primer hotel de lujo de Udaipur. Ha recibido visitantes ilustres como lord Curzon, Vivien Leigh, la reina Isabel II, el sha de Irán, el rey de Nepal y Jacqueline Kennedy. Aquí se han filmado películas como Octopussy de James Bond y la serie televisión británica Las joyas de la corona que usaron el palacio como escenario natural en donde se desarrollan las intrigas.

Mi exploración en lancha del lago Pichola me llevó a Jag Mandir, un palacio construido sobre otra isla que recibe con una hilera de elefantes de piedra. Construido entre 1551 y 1652, los maharanas (monarca absoluto, título histórico rashput equivalente a maharajá) lo usaban como palacio de verano y placeres, adornado de pabellones y jardines. Al navegar por la orilla del lago, admiré el gran palacio del Maharana que se eleva como rey de piedra para dominar la ciudad, por los ghats donde la gente se baña, varios palacetes y mansiones, el lujoso hotel Leelah que instaló sus jardines a la orilla del lago para alzarse como palacio. En el embarcadero del Udaivilas me recibieron como si fuese un rashput: unos hombres vestidos de blanco y turbante rojo, me pintaron el tercer ojo rojo en la frente como señal de buena suerte y el carrito me llevó al patio monumental. En el restaurante me instalé para degustar los más exquisitos platillos regionales.

Foto: Patrick Monney

Cuando entré al palacio del Maharana por una rampa que domina el lago, pasé por tres puertas, dejando la parte que ha sido transformada en hotel y penetrando en el inmenso patio. Empezado por el maharana Udai Singh en 1559, e inmueble ha sido modificado a lo largo de los siglos y comprende una serie de palacios, patios, terrazas, corredores y jardines. El Maharana actual vive en las áreas privadas, otra parte es hotel y la otra es un museo que alberga una gran colección de antigüedades, pinturas, muebles y artículos de decoración.

El gran atrio se usaba para desfiles con elefantes y caballos y penetré en un patio más chico decorado con pinturas antes de subir por pasillos, escaleras y terrazas que permiten admirar el lago y el Lake Palace. Es un auténtico laberinto que me llevó de sorpresa en sorpresa, de habitaciones decoradas de espejos en ventanas con celosías, de salas elegantes en patios ornamentados. El palacio es una joya que me paseaba por el tiempo, entre cuentos y leyendas, entre rashputs pintados en los muros o en miniaturas.

Salí aturdido por tanta belleza oriental de asombroso lujo y elegancia, y me sumergí en el caos de la ciudad con sus callejones para alcanzar el templo Jagdish, un templo hindú construido en 1651 y representativo de la arquitectura Máru-Gurjara con su techo de forma piramidal. El misticismo invadía su interior con los dioses que vigilaban al viajero, las campanas retumbaban y la gente llevaba ofrendas.

Las noches de Udaipur son fascinantes, las estrellas se miran en el lago y los palacios alumbrados se reflejan en el agua que centellea. Desde la terraza del Udaivilas, miraba ese cuento oriental donde el aire palpitaba mientras temblaban los reflejos en el agua. Esos momentos de contemplación llenaban mi alma, instalando una adoración a esa ciudad fascinante.

RANAKPUR

Tomé el camino hacia el norte, la carretera era un folcklor y atravesaba pueblos intrigantes, adornados de caras fascinantes bajo turbantes de colores vivos o puestas sobre unos saris que brillaban. En cada momento había algo que ver y llegué a un lugar atascado de monos juguetones en espera de comida. Alcancé Ranakpur, el templo jaina más espectacular de la región, dedicado a Rishabha o Adinatha, uno de los 24 tirthankaras del jainismo, que data del siglo XV.

Los tirthankaras son seres que alcanzaron la trascendencia y liberación, maestros que ense- ñaron el camino jainista. Alejados del suceso cósmico, no intervienen en él y sirven como ejemplos a seguir. Por fuera, el templo parecía un elegante santuario puesto sobre una plataforma, con techos adornados de shikharas (torre labrada en forma de pico), domos, torres y cú- pulas con estatuas de elefantes o chamanes en mármol blanco. Al pasar la puerta, descubrí un mundo de piedra enteramente labrada. Cada uno de los 1,444 pilares representa escenas y personajes diferentes con delicados detalles. Las puertas adornan sus pies con un semicírculo de piedra, protegidas por los guardianes, los techos fueron finamente labrados, cada detalle es una obra de arte y el conjunto es un fino trabajo de encajes en mármol. Una verdadera belleza que me enchinaba la piel al observar ese fantástico mundo místico en piedra. Encontré las estatuas de los 24 maestros del jainismo, los tirthankaras que predicaron los cinco principios que son ahimsa (no violencia), satya (veracidad), asteya (no robar), brahmacharya (castidad), y aparigraha (despegado de la materia). El jainismo pone mucha atención en el control de sí mismo despegado de lo material, acompañado de su lema, Parasparopagraho Jivanam, que dice que la función del alma es ayudarse uno al otro, practicando la no violencia, ser vegetariano, la meditación. Ranakpur me transmitió una intensa paz; admiraba las piedras esculpidas; cada estela, columna, plafón eran auténticas obras de arte. El templo entero vibraba como una música mística que entraba en la cabeza despertada por el son de las campanas.

JODHPUR

Siguiendo mi camino, llegué a la ciudad azul dominada por su imponente fuerte Mehrangarh, una ciudad que palpita, acoge, fascina, a la puerta del desierto de Thar. Jodhpur fue fundada en 1459 por Rao Jodha, un rashput del clan Rathore, dirigente del estado conocido como Marwar. Feudo del Imperio Mogol, se alió a los británicos y, en la independencia, se unió a la India a pesar de su deseo de ser autónoma.

Aquí se acabó mi sueño de ser maharajá. La fortaleza me impresionó y me dejó como un minúsculo insecto bajo los muros que imponen su fuerza y poder. Entonces, me di la vuelta y regresé a Udaipur para quedarme dentro de mis sueños, sumergido en mis fantasías. Hace años, la segunda vez que visité Udaipur, encontré llenos los hoteles. Tanto me desesperé a la puerta del hotel Shiv Niwas Palace, que el maharajá me ofreció sus departamentos para invitados. Desde entonces empezó mi fuerte relación amorosa con esta ciudad donde siempre realizo el sueño de ser, por un día, el maharajá de Udaipur.

CÓMO IR

TravelQuest

DÓNDE DORMIR

Udaivilas de Oberoi

Lake Palace de Taj

Leelah Palace

www.theleela.com

CUÁNDO IR

  • Todo el año, con mucho calor en abril mayo.

Texto y fotos por Patrick Monney




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