Abro los ojos, y ¿qué es lo primero que veo frente a mí? la imponente Catedral Metropolitana de México. Su diseño, su vibra y su grandeza me dejan con la boca abierta. ¿Cómo pude dejar pasar tantos años sin visitar de nuevo esta magnífica joya de mi querida Ciudad? Captan mi atención sus campanas, noto que tienen colores y tamaños distintos, cierro los ojos e imagino escucharlas en todo su esplendor, sueño con algún día tener la suerte de presenciar tan agradable momento. Escuchar las campanas de la Catedral de México retumbar por todo el centro histórico, es un momento que muero por saborear.

Todo comenzó aquella mañana cuando impulsado por varios caballos de fuerza, e inspirado por una enaltecida multitud de notas musicales de origen clásico, decidí hacer un recorrido por el mágico centro histórico y disfrutar con cada uno de sus rincones. Es simplemente deleitarse a cada segundo y saborear todos tus momentos. Así se vive el verdadero lujo. Hoy, parte de mi itinerario diario es descubrir más formas de disfrutar del camino.

Había visitado esta joya arquitectónica ya un par de veces, pero aquel día, su campanario me intrigó por completo, fue así que me animé a hacer un tour para conocerlo a fondo. Llego a la cima y me encuentro con 35 ejemplares que me dejaron sin aliento. ¿Quién habría imaginado que existía este número de campanas en las torres de la Catedral? Es como si se tratara de seres dotados de vida, esperándote ahí, pacientes, para contar su historia. Santa María de la Asunción, de cariño -La Doña- es la campana más antigua, cobró vida en 1653 junto con su amiga contemporánea La Ronca, quien así fue nombrada por su sonido grave y solemne. Del otro lado del edificio se encuentran San Pedro y San Pablo cuyos sonidos se intercalan a la perfección para crear una melodía en completa armonía.

Son estos momentos en los que tu país te regala un pedazo de historia, en los que te acompaña para vivir una experiencia llena de sabor, de cultura y de sabiduría, en los que te guía por un camino desconocido para descubrir todos aquellos secretos que como mexicano nos enorgullecen. Cerré los ojos y pensé, qué increíble es mi ciudad, repleta de tantas joyas por conocer ¿podré descubrirlas todas? Así es nuestro lujo, nuestros momentos.

Fotos por Mónica de León.