Un viaje por la indomable Patagonia

Viaje a la Patagonia, Argentina

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Viaje a la región austral de Argentina, un roadtrip por la estepa profunda y desconocida. Dinosaurios y pinturas rupestres, una carretera escénica, un futuro Parque Nacional y el pueblo que resurgió, como el Ave Fénix, de las cenizas de un volcán enfurecido.

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Foto: Guido Piotrkowski

El avión se sacude con los latigazos del viento sureño. El mar verde esmeralda y una estepa yerma se despliegan allí abajo. Una tregua del vendaval me permite congelar este instante. Mientras tanto, por obra y gracia del random, Lhasa de Sela me susurra al oído: “Bienvenido al desierto”.

LOS DINOSAURIOS DE SARMIENTO

“Carnotaurus: este es conoci- do; allá tienes un Aniksosaurus darwini, un Notohypsilophodon comodorensis y un Sarmientosaurus splendes; este es muy importante porque se encontró el cráneo completo. ¡Es una maravilla!”, se entusiasma Alejandro Mouzet, director de Turismo de la localidad de Sarmiento, al centro sur de Chubut y a 150 kilómetros de Comodoro Rivadavia, en la Patagonia argentina. El hombre recorre el Parque Temático Paleontológico henchido de orgullo. “Los dinos son de tamaño natural”, aclara mientras deambulamos entre las réplicas de estos gigantes que poblaron la Patagonia en el inicio de los tiempos.

LA TIERRA PÉTREA

El cielo vira de color una y otra vez. De nubarrones enloquecidos a un celeste diáfano en instantes. Cada tanto, gotea.

Vamos ahora rumbo al Parque Provincial Bosques Petrificados, a 40 kilómetros de Sarmiento. A mitad de camino, a la altura del río Senguer, surge abruptamente un valle fértil que contrasta
con la estepa desteñida. En el Centro de Interpretación del parque nos recibe Damián Guerrero, el guardafaunas.

“No vuelvo más ni a pasear”, dice cuando se le pregunta por su hogar natal, La Plata, conocida como “la ciudad de las diagonales”, la capital de la Provincia de Buenos Aires. “Era mi sueño”. Aunque el vendaval patagónico esté desbocado, lo desafiamos y caminamos. Al guarda fauna le chispean los ojos cuando habla del parque.

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Foto: Guido Piotrkowski

Mouzet enciende el enésimo cigarrillo del día, da una pitada larga y dice: “Cuando aparece el macizo cordillerano, te cambia todo. Deja pasar la humedad del Pacífico y viene la sequedad total. Era muy
similar a la costa de Brasil; ese era el clima que había. Acá tendríamos cocos y palmeras”.

Pero en vez de playas azules, caminamos ahora por un valle de cerros amesetados y geoformas fálicas, de una tierra color grisáceo donde reposan cientos de troncos caídos. Los árboles aquí, no han muerto de pie, sino petrificados. “Son los estadíos de las distintas placas y acontecimientos de las eras geológicas”, explica Damián.

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Foto: Guido Piotrkowski

Resulta que hace 65 millones de años, todo este sitio estaba bajo el mar. Las aguas retrocedieron y se volvió un bosque tropical. Con la elevación de la cordillera, dejó de pasar la humedad, y se tornó un lugar seco y ventoso. El paraíso tropical se petrificó por procesos químicos y estos troncos que ahora son piedras, este sitio que alguna vez fue un ardiente vergel, hoy es un gélido desierto ventoso, precioso en su adversidad.

LOS ANTIGUOS

Cuando en diciembre de 1991 las cenizas del volcán Hudson, en Chile, sobrevolaron la cordillera de Los Andes, cayeron sobre Los Antiguos, un pueblito de la provincia de Santa Cruz, ubicado a tan solo tres kilómetros de Chile Chico, el primer enclave del lado chileno. Por entonces, muchos abandonaron el pago. Con el devenir de los años, algunos de los que se quedaron –sumados a quienes volvieron– recogieron el fruto del sacrificio. Y cuando se habla de fruto, aquí es literal.

Más allá de la puja teórica sobre si la ceniza funcionó como abono para la tierra o no, lo cierto es que Los Antiguos tuvo un reverdecer. Los cerezos se multiplicaron y los productores locales tomaron nota. Hoy se cosechan miles de toneladas de cereza y la localidad es, por derecho adquirido, la Ca- pital Nacional de la Cereza. Pero también crecen otros frutos variopintos. Y el turismo, que viene en alza. “Los Antiguos viene del vocablo tehuelche I’ quequen que significa ‘de los antiguos o los antepasados”, precisa Mauro Croce, el secretario de Turismo local. Se cree que los antiguos pobladores tehuelches venían a morir acá. Y debido al microclima en el área del lago Buenos Aires, terminaban viviendo por más años”.

EL MACÁ Y EL PARQUE NACIONAL PATAGONIA

Por la mañana, tomamos la ruta 43 y recorremos 20 kilómetros hacia la estancia La Ascensión, propiedad de la ONG Flora y Fauna, que el año entrante será cedida a Parques Nacionales para formar parte del Parque Nacional Patagonia. “Estamos en retirada; hace cuatro años trabajamos en el desarrollo de uso público y senderos”, dice Fabián Bezunartea, coordinador de desarrollo local, durante el desayuno en el “comedor de emprendedores”, ubicado en el casco reformado de la estancia.

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Foto: Guido Piotrkowski

Bezunartea precisa que ya hay prestadores brindando servicios –cabalgatas, deportes lacustres, bicicleta y trekking– que permanecerán cuando finalmente Parques Nacionales tome posesión del lugar. Y explica que el objetivo del futuro parque es proteger el macá tobiano, un ave endémica, del que quedan unos ochocientos ejemplares, que se reproduce y nidifica solo en las lagunas de altura de la meseta del lago Buenos Aires. O sea, un ejemplar único en el mundo. En esta área hay 25 kilómetros de senderos señalizados, como el circuito La Calle, que encaramos ahora, una serie de farallones de piedra con tremenda vista al valle y más allá.

ESCENAS DE LA 41

Esta ruta que atraviesa paisajes disímiles en su traza de ripio desde Los Antiguos a la localidad de Lago Posadas, exacerba la belleza paisajística y natural de esta por- ción de la Patagonia indómita.

“Es loquísimo, parece que vas transitando por distintas partes del país”, dice Mauro Croce sobre la senda, que tiene 124 kilómetros y que alcanza los 1,500 metros de altura en el Portezuelo, el punto más alto de esta carretera y de la provincia. “Esta transición te provee un cambio de ambiente continuo. Te lleva desde escenarios muy fértiles a muy áridos, donde la vegetación no resiste la altitud. Son paisajes plomizos, grisáceos, terrosos”, detalla. Por estos caminos suelen deambular guanacos en manada, pastan las ovejas y los aguiluchos se posan en los alambrados. Corretean, escurridizos, los zorros. Sobrevuelan cóndores, loicas, golondrinas patagónicas, águilas mora y aguiluchos. En las lagunas se posan cauquenes, bandurrias, patos maiceros, patos torrentes y macás plateados. La biodiversidad patagónica se pavonea a lo largo de este recorrido.

Tocando el kilómetro 77, el hielo en el camino nos indica que estamos en el punto más alto: el Portezuelo, el desolado paso desde donde vemos el monte San Lorenzo (3,706 msnm.). A partir de ahí, descendemos hacia Lago Posadas. Atravesamos valles, bosques, lagunas y llegamos antes del ocaso. El Arco de Piedra, la formación icónica del lugar, emerge a contraluz con su fisonomía de ballena.

LA CUEVA DE LAS MANOS

La región está dotada de pinturas rupestres. La más famosa es la Cueva de las Manos, hacia donde nos dirigimos esta maña- na espléndida. Ayer por la tarde, habíamos visto las poco conocidas pinturas del Cerro del Indio, en Lago Posadas, que datan de unos tres mil años antes de Cristo. También están muy cerca, pero menos accesibles y menos visitadas, las pinturas del Alero Charcamata, que datan de unos siete mil años.

En Cueva de las Manos, Daniela, la guía de sitio, cuenta que las primeras noticias del lugar llegaron en 1941 a través del cura salesiano Alberto de Agostini, un sacerdote aventurero. Recién hacia 1964, llegaría Carlos Gradin, un topógrafo e investigador argentino que haría un relevamiento de las pinturas y lo presentaría en un congreso europeo. Para 1972, volvería para trabajar con otros científicos. No hay grandes precisiones sobre lo ocurrido acá. Lo cierto es que es un sitio de alta relevancia mundial y es por eso que es Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco.

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Foto: Guido Piotrkowski

Aquellos científicos, sin embargo, determinaron que la región estuvo habitada 12 mil años atrás por pueblos pre-tehuelches nómadas, que vivían en cañadones y seguían la ruta del guanaco, su principal sustento. También utilizaban sus huesos, tendones y la sangre. Todo quedó impreso en la piedra.

Las pinturas muestran además hombres en plena cacería, pumas, tatús y ñandúes; pisadas de animales, figuras geométricas, círculos concéntricos, diseños que podrían ser astros y el “Gualicho”, una suerte de chamán. Y, por supuesto, muchas manos.

“Se cree que dejar las manos era parte de un ritual de familia”, explica Daniela. La identidad con el lugar. Marcar el territorio para regresar y encontrarlo.

DATOS ÚTILES

  • Chacras productivas de Los Antiguos
    Ofrecen una amplia variedad de productos, desde frutos, especialmente la cereza y vegetales de esta- ción hasta dulces, licores, escabeches, chocolates, chutneys, tartas y tejidos, bar lácteo y cabalgatas.
  • Finca La Querencia
    La familia Avilés agasaja a sus visitantes con una me- rienda con mermeladas caseras luego del recorrido turístico en el que se puede conocer la historia de la chacra y ver la variedad de frutales con los que tienen para hacer mucho dulce. Membrillo, ciruela, pera, manzana, cereza, corinto y frutilla son algunas de las exquisiteces que se pueden traer a casa. @LaQuerencia.LosAntiguos
  • La Chacra de Don Neno
    Don Walter Treffinger, de familia fundadora, es uno de esos personajes ineludibles cuando uno está de paso en Los Antiguos. El hombre es un gran contador de anécdotas que se pueden escuchar durante las visitas guiadas por la chacra. Además, elaboran dulces y licores. Visitas guiadas todos los días a las 11:00 y a las 17:00 horas.
    2963 401391
    losantiguos.tur.ar/servicios/chacra-don-neno/55
  • Pinturas rupestres de Lago Posadas
    En el Cerro del Indio de la localidad de Lago Posadas, hay pinturas rupestres de unos 3,800 años, que son posteriores a las de Cueva de las Manos. El sitio es más pequeño, pero no menos impresionante. Están a 10 mi- nutos del pueblo en auto y se pueden visitar libremente. Turismo de Lago Posadas02 9634 9026
  • Alero Charcamata
    Este sitio alberga pinturas rupestres de unos siete mil años de antigüedad. Para llegar hay que recorrer un largo camino en 4×4 y luego un trekking por el cañadón por unos 40 minutos. El trayecto vale, y mucho, la pena. Las pinturas están en muy buen estado de conservación y, a diferencia de la Cueva de las Manos, el sitio no está enrejado.
    zoyenturismo.com.ar

RESTAURANTES

  • El Rastro del Choike
    Atendido por su dueño y cocinero, Mirko, quien prepara los platos al instante. Cocina patagónica de autor. Calle Martin Fierro 58, Los Antiguos
  • Viva el Viento
    Especialidades patagónicas.
    Avenida 11 de julio 477, Los Antiguos
  • La Tradición
    Cantina clásica. Excelentes pescados y frutos de mar. Calle B Mitre 675, Comodoro Rivadavia

MÁS INFORMACIÓN

santacruzpatagonia.gob.ar
losantiguos.tur.ar
florayfaunaargentina.org

Texto y fotos por Guido Piotrkowski